El Icue visitó a “los Pacheta” en Salas de los Infantes
Picos de Urbión en la Sierra de La Demanda
“Es un entrenador de riesgo y emociones.
Y si tiene que tomar decisiones, las toma aunque arriesgue”
“Pacheta es un trabajador nato, listo y
espabilado”.
“Los hijos de Alvargonzález
ya tienen majada y huerta,
campos de trigo y centeno
y prados de fina hierba”. (Antonio Machado)
El Icue, en esta primavera
tarda, salió de la ciudad Trimilenaria para trasladarse hasta las raíces de
Castilla donde se hunden en las márgenes del río Arlanza, al sureste de Burgos,
las raíces de los Pacheta. Salas es una ciudad más
que milenaria, situada a los pies de la Sierra de la Demanda, cuna de los Siete
Infantes de Lara.
Cuando partimos de Logroño,
el día andaba claro y azuloso, aunque frío, y al llegar a las cumbres de La
Demanda, divisorias de las tierras riojanas y burgalesas, mudó a más frio, el
cielo azul se tornó grisáceo y la lluvia cambió a aguanieve. Y en las cumbres,
presidiéndolo todo, un pantano rebosante y una ermita románica.
Y allí fuimos, a la Tierra
de José Rojo Martin “Pacheta” para conocer y hablar con Pedro y Petra, sus
padres, con sus hermanos Javier y Cruci y su gran amigo Carlos David. Y, como
amamos la naturaleza, la literatura, el arte o la historia cerramos la mente a
otros quehaceres y la abrimos al diálogo con Javier en un recóndito aparte de
ese bar con nombre de flor chilena llamado Copíhue.
El bar del reportaje
Hablar con Javier fue
sencillo, tiene un fluido y culto castellano, habla como si recitase
octosílabos, de raza le viene al galgo, estamos en uno de los escenarios más
famosos de nuestra épica: el de la leyenda de los siete infantes y a las faldas
de esa Laguna Negra, / “agua transparente y muda, enorme muro de piedra, donde
los buitres anidan y el eco duerme...”.
Ahora entiendo el buen decir de los Pacheta. Este castellano profundo,
con palabras que siempre dicen algo y casi perfecto, es lo que cautivó al Icue
desde el primer momento, para estar y seguir estando, si ellos lo permiten, a
su lado. Los Pachetas, mujeres y hombres recios, tesoneros, humildes, un tanto
adustos, si no los conoces, finos, delicados, guerreros y orgullosos de su
pasado, forjados en el sacrificio, con la dureza de esos heladores días de
largos inviernos y tórridos veranos que dota a estos hombres de algo especial.
Hombres y mujeres labriegos que siembran los tardíos arreando sus vacas pardas
en las sementeras.

Alumnos del IESO “Alfoz de Lara”
Entrevista
Y en estas, preguntamos a
Javier sobre la infancia de su hermano Jose.
R.- Jose es el menor de cuatro hermanos donde Cruci es la mayor, Juan Antonio,
también fue futbolista, el segundo y el tercero que es el que os acompaña, profesor
de Educación Física del Instituto de Enseñanza Secundaria “Alfoz de Lara”, aquí
en Salas.
P.- Parece que entre vosotros los tres hermanos y Jose hay diferencia de edad.
R.- Bastante, exactamente siete.
P.- Ahora se explica el Icue por qué el más pequeño, “Pachetín”, salió
futbolista.
R.- No creas fue tan sencillo, porque como todos los hermanos se dedicó a las
tareas agrícolas, ayudando en el campo y trillando, en época de recolección, en
la era. Mis padres fueron agricultores con mucha labranza, ganado y todos
tuvimos que echar una mano. Además, durante tres años, regentamos un bar que es
donde todos, especialmente Jose, formamos nuestra personalidad.
P.- Y con tanto trabajo y tanta ayuda
en qué lugar quedaba el tiempo para los estudios?
R.- Jose terminó 8º de Educación General Básica y con 14 años y muy buenas notas
tomó la decisión de irse a Quintanar de
la Sierra, pueblecito cercano, a estudiar Formación Profesional de Grado
Medio y Superior en la rama de la madera
y una vez finalizados marchó, como maestro de taller a dar clases a Santo
Domingo de la Calzada, en La Rioja.
P.- ¿Y con tanta dedicación a la docencia, donde quedaba el Fútbol?
R.- Jugando en la 3ª división burgalesa, concretamente en el Racing Lermeño Club de Fútbol al que acudía a
entrenar, cuando lo requería, a bordo de un Citroën dos caballos que marcó toda
una vida de sacrificio, trabajo y austeridad.
P.- ¿Y cómo fue aquello de marcharse,
temporada 91-92, al Atl. Marbella y jugar
en el equipo, propiedad de Jesús Gil y ascender a 2ª División, siendo
entrenador Sergio Kresic?
R.- A Jose siempre le gustó tomar decisiones
arriesgando. Esa ha sido y es una constante en su vida. Teniendo el matrimonio,
Eugenia es su mujer, un trabajo estable, deciden por el amor que ambos le tienen
al fútbol marcharse a Marbella. Allí permanece dos
temporadas, la 91-92 que asciende a la Segunda División, como primeros en la
liguilla de ascenso tras empatar el último partido, precisamente ante el
Yeclano y la 92-93 en la que a punto estuvon de ascender a 1ª División junto a
los Leal, Loren, Olías, Momparlet, Armando, Juric y Esteban.
P.-
¿Y de allí al Mérida y al RC Deportivo Español, no?
R.- Efectivamente, en Mérida permanece una temporada y por problemas
económicos es traspasado al Español con Jaime Molina, que a partir de ese
momento pasó a ser uno de sus grandes amigos.
P.- ¿Tiene muchos amigos en el fútbol?
R.- Los amigos suelen ser los que son, pocos y bien escogidos. En el caso de
mi hermano el nombrado Jaime Molina, Pochetino, también Bielsa y Victor Manuel
Martín Ortega, actualmente director general del CD Numancia. Y fundamentalmente
Carlos David y toda esa cuadrilla de amigos enrolados en la peña “Jarigüais”.
Carlos David, el amigo
P.- Acabas de nombrar al CD Numancia, ¿puedes contarnos la relación Pacheta-CD
Numancia-Soria?
R.- Ha sido jugador, director técnico y entrenador. Aquí en Soria residen su
esposa y su hijo Gonzalo, también su hija Carla cuando se traslada de Madrid
donde está estudiando. Y de aquí partió en febrero de la temporada pasada para
entrenar al Real Oviedo. Y aquí vuelve cuando puede y no tantas veces como
quisiera.
P.- ¿Y del R. Oviedo, después de descansar unos meses, al FC Cartagena al que
como tú muy bien sabes llega el pasado diciembre?
R.- Así es.
P.- ¿Te ha comentado en alguna ocasión cómo se encuentra en la ciudad de
Cartagena?
R.- Hablamos de vez en cuando y me comenta estar muy a gusto y lo estiman.
Está contento porque ha encontrado esa estabilidad deportiva que no encontró en
el Real Oviedo. Tan a gusto está que en caso de permanecer una temporada entera
no dudaría en que su señora y su hijo fuesen a vivir a su lado.
P.- Tú Javier, que eres profesor de Educación de Educación Física, también
deportista, has jugado al fútbol y entrenas al equipo juvenil de la zona, ¿cómo
ves al Pacheta entrenador?
Javier en la “era”, primer campo de
fútbol de los Pacheta
R.- Es un trabajador nato, listo y espabilado, estratega y, a veces, con
riesgo y emociones. Le gusta innovar y que innoven con él, precisamente Bielsa
lo estima mucho porque lo ve como un planificador perfecto tanto de los
entrenamientos como de los partidos. Lo resumiría como un entrenador táctico
nato, motivador nato y trabajador nato. Es entrenador desde hace 19 años y ha
visto mucho fútbol.
P.- ¿Y como futbolista cómo fue?
R.- Jose se desarrolla tarde, con 19
años. Mide 1.83. Ha sido un jugador con técnica, de carrera mediocre, pero de
recorrido grande. Tácticamente muy bueno y ha jugado en todos los puestos,
menos de portero y fue un jugador de mucho esfuerzo. Comenzó de interior
izquierdo sin ser zurdo, fuimos los hermanos los que le enseñamos a pegarle con
la izquierda. Incluso ha sido goleador, fundamentalmente, de cabeza. Llegó a
ser un jugador de grandes rendimientos con los diferentes entrenadores que tuvo
y en los diferentes puestos en que lo ponían.
P.- ¿Y cómo persona?
R.- Tiene una debilidad que es la familia, apoyándose esencialmente en su
mujer y siendo muy afectivo con sus hijos. No es una persona de juerga, sí
divertido. Creo, aunque no le conozco muy bien en ese sentido, que le gusta
toda la música. No es nada supersticioso, y si muy inquieto, hasta nervioso,
tanto que en Salas, nos cuenta su gran amigo Carlos David lo conocen por “El
Cascarilla”.
P.- Pasemos al mundo de las anécdotas. ¿Cuéntanos alguna?
R.- Se ríe. Alguna hay y de ellas algo me acuerdo: Una vez, jugando en el
Numancia, sufrió una fractura completa de la séptima costilla izquierda, cuyo
pronóstico de curación se establecía entre treinta y cuarenta días. La lesión
parecía un signo de mal agüero, pero a los diez días, ya curada, se convirtió
en el punto de partida de una sucesión de partidos exitosos.
P.- ¿Y cómo la curó?
R.- Con una resina para curar fracturas de cabras, muy utilizada por los
pastores de Uzbekistán. Es una resina que crece en las rocas, producida por un
liquen. El médico del Numancia, José María García Asensio obtuvo la medicina,
“que no se comercializa”, a través de un paciente que tiene un sobrino en
Uzbequistán: Es una resina que allí los pastores la utilizan para soldar los
huesos rotos de las cabras, en cuatro o cinco días. El caso fue notorio porque
la recuperación fue espectacular. En cinco días de tratamiento, la fractura
estaba radiológicamente curada.
P.- Casi como el bálsamo de Fierabrás. ¿Conoces que a partir de aquel cinco de
enero del 2.000, marcó cuatro goles y a lo largo de esa liga logró estampar más
de 8 y 6 de cabeza? Y todo gracias a la resina para curar cabras.
R.- No lo sabía, pero así debió ser.
P.- Oye, y de niño además de al fútbol,
¿a qué jugaba?
R.- Fundamentalmente a subirse a los árboles de la orilla del río Arlanza,
bajo los eremitorios de la Peña Rota para tirar con carabina, jugar con el
“tirabeque”, el clásico tirachinas, al “pachusca”, tirarle piedras a una
botella de cristal para ver quien la rompía el primero y tirar con arco las
flechas. Con este juego sucedió algo desagradable: Jugábamos los tres hermanos
a tirarle flechas a unas muñecas de cartón colocadas en las escaleras de la
casa, éstas tenían un recodo, Pachetín asomó la cabeza con tan mala suerte que
una de las flechas le dio en el entrecejo, hubo abundante de sangre, todos
pensamos se le había saltado un ojo, no fue así y a partir de ese accidente nos
olvidamos del arco, de las flechas y ya Guillermo Tell no fue nuestro modelo.
Orillas del río Arlanza, lugar de
correrías y travesuras
Los padres
Después de terminar con
Javier, él tenía que seguir dando clases en el Instituto, nos trasladamos a casa
de Pedro y Petra, padres de Jose. Nos sentamos junto a la cocina económica para
mitigar el intenso frío que hacía. Petra, a punto de cumplir 82 años y Pedro sus
80, nos recibieron: como esa mujer sencilla y curtida por las huellas que dejan
los años y el trabajo y Pedro en mangas de camisa lo que indicaba la fortaleza
de este recio agricultor.
Pedro y Petra, padres de Pacheta
P.- Y sin más, les dejé hablasen de
Jose.
R.- Estamos muy orgullosos de él. Y eso de que los Pacheta, esto lo lleva en
el corazón, aparezcan en internet y en todos los medios es para estar
contentos, muy contentos y eso nos hace felices.
P.- Les pregunté si por ser el más pequeño de los hijos era el más querido.
R.- Nosotros, respondieron Petra y Pedro al unísono, los queremos a todos por
igual. Todos son y han sido muy trabajadores. Ahora lo vemos poco, está tan
lejos.
P.- ¿Irán al estadio o campo de fútbol que toque para ver ascender al FC
Cartagena en el último partido de la liguilla de ascenso?
R.- Yo, con mis ochenta años, iré a donde haga falta. Ella por su inmovilidad
no podrá hacerlo. Le he encomendado quede aquí para ponerle una vela al patrón
San Roque para que nos ayude a ascender. Sí señor, le contesté, con un par...
Al marcharnos la familia quedó
ilusionada pensando en el ascenso del Cartagena, que es el equipo de su
Pachetín y también de ellos. Su ilusión, enorme ilusión, era acompañarnos hasta
la “era”, lugar futbolístico por excelencia en el que los Pacheta, todos,
aprendieron a darle patadas al balón y desde allí, donde todavía están puestas
las porterías de piedra, abrigados, nos fuimos a contemplar el barrio de la
Costana, de grandes recuerdos para estos amigos y divisar cómo el agua-nieve
amenazaba desde las Peñas de Carazo que, según me cuentan, “cuando por allí
aparece, en cinco minutos está en la Costana”.
Peñas de Carazo desde la “era”
Los Icue con Pedro, padre de Pacheta
Texto y fotos La Medusa Paca. Copyright ©