lunes, 4 de marzo de 2013 in

Nieve en Marzo



Nieve en Marzo


Hace justamente siete días sentí una extraña euforia cuando, asomándome a la ventana entre dos luces, vi blanco el jardín. ¡Qué gusto! ¡Se ha producido por fin el prodigio de la nieve! Avanzando la mañana, templó el día y empezó a regalar como se regala la manteca, el hielo…Una leve llovizna ayudó a acelerar el final del sueño blanco. Escurrían los aleros del tejado y en poco rato apenas quedaban unas breves manchas de nieve en los rincones umbríos en el que habitan mis bonsáis junto a las hortensias. Confieso mi decepción. Había resultado un placer pasajero y, como se sabe, toda frustración conduce a la melancolía. Sorprendentemente, en contra de todos los pronósticos, antes de mediodía, cuando menos se podía esperar, se serenó el aire, el cielo se cerró, enfrió y volvió a nevar copiosamente. Mientras descargaba la nubada, disfruté como un niño. Primero contemplé desde dentro de la casa y junto al fuego el espectáculo único de ver caer los copos mansamente -¡qué manta de nieve!-, que eran unos copos grandes como pétalos de escaramujo, y luego, sin poder contenerme, salí a su encuentro, alcé las manos y dejé, durante unos minutos, que me cubrieran de blanco la cabeza, el rostro y los hombros, como si buscara, con riesgo evidente de constipado, que todavía dura, un hisopazo del cielo.

Y me acordé de León Felipe y de su poema Revolución:

“Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño…
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.
Y siempre habrá un sol también
un sol verdugo y amigo
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del rio”.

Y La Medusa se resistió a llamar altanera a la modesta nieve, que siempre fluye sin hacer ruido, que salmodia luego en los regatos del monte, que duerme en los acuíferos y que alimenta la tierra para que verdee.


Texto y fotografías La Medusa Paca. Copyright ©

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