miércoles, 23 de enero de 2019 in

Flor de almendro





Flor de almendro

“Tan sólo el poema sobre la tierra consagra y glorifica.” (Rainer María Rilke, SONETOS A ORFEO, 1ª parte, XIX)

Lo de hoy nace en La Medusa dictado por la urgente necesidad de afirmar la belleza en el corazón mismo de la contingencia humana, de salvar la alegría de lo vivo, única que nos podrá salvar. La ley de toda belleza es -aquí estoy al lado del filósofo del Ser y el Tiempo- vislumbrar las huellas de los dioses huidos. Las leyes de los poetas, abrumados por su clara percepción de la cualidad efímera de todo lo creado, rescatan con su pequeña creación, para la eternidad, esos momentos bellísimos, instantes de gloria que caminan inexorablemente hacia su desaparición.  “Tan sólo el poema sobre la tierra consagra y glorifica”, dice Rilke, consciente de que la poesía representa en este mundo, por encima y más allá de todos los cambios, gustos y modas, el movimiento más abierto y libre, único capaz de encerrar una revelación con poder transformador. Por otro lado, ¿no es esta la razón por la que todas las grandes religiones de la tierra vienen envueltas y como propiciadas por el aliento poético que nos las acerca? ¿No son ellas mismas -y cuanto más puras o elevadas, mejor- la más necesaria poesía de la vida? 

Naturalmente que hoy La Medusa prefiere dejarse penetrar por un almendro en flor, por la primera flor de ese mi almendro en este inicio de primavera mediterránea -más todavía- aunque sea con su fragilidad, la frágil flor del almendro, olvidándose de la fortaleza, furor y dinámica de otras estéticas. Es agradable y hasta absorbente y el espíritu de la Medusa se deleita cuando contempla a ese retorcido y destartalado tronco de almendro florecer con sencillez, dialogar con su entorno en armonía, y a saber morir sin resistencia, cumplido el ciclo de su razón de ser. Gustosamente me coloco bajo la revelación natural y gratuita de Dios que intuyo en este mi almendro en flor de esta luminosa primavera mediterránea. Vale.



REVELACION



Hay en mi campo un milagro

que hace turbarse al cielo...

¡El almendro florecido

en la heladura de enero...!

Un grito de apego y fiesta

 entre cristales de hielo...;

un Gabriel de revelación

 convulso por el misterio...

 Hay en mi campo un milagro

que hace postrarse hasta al cielo.





 Texto y fotografías La Medusa Paca. Copyright ©

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