Días de lluvia, frío, fuego y castañas
“¿Quién nos calentará la vida ahora
si se nos quedó corto
el abrigo de invierno?
¿Quién nos dará para comprar castañas?
Allí sale humo, corazón, no a todos
se les mojó la leña.” (Claudio Rodríguez García)
Aunque
ha venido con retraso, ya es hora, porque hace frío, para desbullar castañas.
Hay
quien también le llama “descocar” a este quitar la cáscara a las castañas
asadas.
No
existe nombre para su olor, ni para su calor en las manos, haciendo saltar las
castañas, de una a otra palma, hasta que, quemada, se va enfriando y, al fin,
la probamos, y vuelve hasta mi la infancia y los inviernos de antes.
Es
como si el frío hubiera volado a otra parte, porque yo, y ya voy teniendo unos
años, no recuerdo un noviembre tan cálido.
Cuando
escribo hace frío y está lloviendo, sí, pero llueve una lluvia monzónica,
cálida, evanescente.
Hace
un momento, me pareció verla incluso volar, como una vaharada de gotas
finísimas, sobre el telón de fondo de unas acacias y plátanos de indias, junto
a unas bien inhiestas palmeras que empiezan a enseñar ya algún pigmento de
otoño, pero pocos, porque las hojas, para enrojecer, como las manos y la nariz,
necesitan que haga más frío. Aun así, he preparado la estufa para encenderla. Últimamente
me parece que no hace otoño, como los de cuando era niño, si no la enciendo.
Hoy,
además, le he puesto al lado un sillón de orejas, tapizado con el lino que
fuimos a buscar al Mirador, una pedanía de San Javier, lino de verdad, del de
los campos florecidos en verano de azul, el lino que se hiló girando en las
ruecas, al amor del sol o de la lumbre.
Cuando
apoyo la cabeza sobre esta tela tengo la misma impresión que si lo hiciera
sobre un linar. Algo de verdad, sin mezclas, puro lino auténtico.
No
necesito más.
Un
sillón, un libro, una estufa y una tarde por pasar. Afirmo que, teniendo libros,
leña y papel, puedo quedarme a vivir en una cabaña durante el invierno, con eso
tengo casi de todo: el café, el libro, el frío, la leña y la estufa siempre
encendida
De
ahí que esté esperando, me la han recomendado, la película “Las ocho montañas”
que estoy deseando se proyecte en breve, para ir a verla, en los cines Dos
mares de aquí en San Javier. Vale.
“Podrías esta
noche aquí tendido
en blanda y verde hoja dar reposo
al cuerpo flaco, al ánimo afligido.
Y cenaremos bien, que estoy copioso
de maduras manzanas, de castañas
enjertas, y de queso muy sabroso.
Y ya las sombras caen de las montañas
más largas, y convidan al sosiego;
y ya de las aldeas y cabañas
despide por los techos humo el fuego.”
(Virgilio: Égloga I.
Títiro y Melibeo; Traducción de Fray Luis de León).

Texto y
fotografías La Medusa Paca. Copyright ©