Este poema es fruto de haber
podido respirar aire puro y haber desconectado olvidándome por completo de la
rutina. Es un poema nacido en paisajes donde el sol brilla durante más de 300
días al año y donde las temperaturas son siempre suaves.
Este poema es fruto de haber
tenido la oportunidad de contemplar todas las mañanas a la orilla del mar un
amanecer distinto cada día y de observar, desde la superficie, praderas de
posidonia, desgraciadamente ahora en decadencia, y pecios abandonados y hasta
de inmortalizar en mi retina curiosos icónicos flamencos en una de las reservas
ornitológicas más interesantes del país… convivir con ellos en mis paseos
matutinos junto a cigüeñuelas, avocetas, grandes cormoranes, zampullines
cuellinegros, correlimos y golondrinas de mar. Se me olvidaba y, al finalizar la
mañana, poder saborear un arroz caldero, un día cualquiera y en cualquier mes
de invierno, resguardadito en este rincón donde el sol pasa el invierno.

Mi
Mar ¡Gran Mar!
Junto
al Mar, yo hago camino,
sin
andar.
...
Junto al Mar
no
hay horizonte que no
me
penetre, me transporte,
sin
caminar.
...
Junto al
Mar...
Busco
un lugar de paz,
junto
al azul que retorna:
Azul
de viento y de sal.
Mi
huella sobre la arena.
¡Mi
camino sobre el Mar!
Mis
ojos, ola tras ola,
brujulean
mi verdad.
¡Qué
distante queda el cielo,
aunque
es azul, como el Mar...!
Cuanto
más se hunde mi huella
más
alto va mi cantar.
¡Y
qué segura es la roca
de
mi nuevo edificar...!
...
La roca de esta belleza
azul
de viento y de sal...
Busco
un lugar de paz,
y
retorno con los ojos
chorreantes
de verdad...
PRJP. N.º 90.
Mitad de noviembre 2021, cuando los fríos ya asoman por el horizonte
Texto y
fotografías La Medusa Paca. Copyright ©