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jueves, 1 de octubre de 2026 in

El olor del membrillo

 


El olor del membrillo

Por el cuello del aire corre el sudor espeso

del calor del membrillo, de tu calor meloso,

de la dulce resina que escapa de tu cuerpo.

Como piedras frutales, tuberosa dureza,

tu amarillor espera su turno de cogienda. (PRJP)

 

Cada otoño, cuando veo los membrillos en el membrillar del jardín en el chalé frente a Garnacha, siento la tentación de empezar un cuadro, pero no puedo y no sé, Dios no me dotó de la inteligencia espacial suficiente para poder hacerlo. De vez en cuando sólo sueño con tomar mi Nikon y volver a fotografiarlo. Y así lo hago.

Muestra suavidad y rusticidad: el sol de la tarde acaricia su piel rugosa y férrea. Es un dulce agreste. Asoman en él la acidez y la astringencia. Exhibe frescura de cidra, acidez de masa madre y profundidad, retama y arcilla. Y trota por el paladar con la alegría y determinación de un caballo percherón. El membrillo es una manzana grande e irregular, de carne dura y áspera, y con una borra que una vez eliminada deja una piel de reluciente oro.

 Me cuenta el dueño del membrillar, huertano de pro y de años “que para que un membrillero dé buenos frutos, debe estar cerca del rumor de la acequia. Puede que en el verano el cauce esté seco. Pero avanzando el otoño, la corriente, exigua normalmente, debe ir poco a poco invadiendo con su murmullo el entorno.” “Que el membrillero, árbol traído de muy antiguo de Asia, gusta de estar acompañado de chopos o higueras”. Las zarzas y las hiedras tampoco deben estar lejos. Y a sus pies, la tierra húmeda y fresca también propicia que crezca la cola de caballo o el lirio hediondo, que hoy con sus racimos de frutos rojos destacan en la umbría del bancal.

 Así que, al pasear, a primera hora de la mañana, noto que las acequias están envueltas de su maravilloso olor frutal no muy dulce. Un perfume que, al no haber sido recogidos los frutos, envuelve el cálido despertar de la mañana. Es un aroma muy sutil, a limpio, como lo puedan ser los limones circundantes y que me conducen a este soneto. Y ahí empezó a resquebrajarse la tarde, que se hizo sombría y fría. Vale.  

 

Calor septiembre

 

A la rama colgado, el oro estalla,
vestido de una densa y velluda piel,
que guarda en su aspereza el más fiel
aroma que en los huertos ya batalla.

 

Otoño lo corona y no desmaya
su dura carne de amargura y hiel;
nadie se atreve a hincarle el diente cruel
mientras el sol de la tarde ya desmaya.

 

Pero el fuego transmuta su destino,
en el caldero el fiero azúcar canta
y el oro áspero se hace dulce y fino.

 

Su aroma de hospitalidad levanta,
manjar de un tono rojo y coralino
que con su aroma las estancias canta.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.

 

 


jueves, 24 de septiembre de 2026 in

El otoño viene al rescate

 


 




 “¿Dónde los cantos ya de Primavera?

No importa; tú también tienes tu música:
mientras las nubes, expirando el día,
florecen y sonrojan los rastrojos;
y balan los corderos en el monte,
canta el grillo en el seto, en una huerta
dulce silba el petirrojo, y gorjean
bandos de golondrinas en el cielo.” (John Keats)

 

El otoño viene al rescate

El otoño ya está aquí y suele venir al rescate. Después de los violentos aguaceros comienzan a alargarse las sombras, hay leña en los cobertizos, humean las chimeneas en los tejados, el mosto de la vendimia brota en los lagares y el humus fermentado ablanda nuestros pasos por el bosque en busca de setas. El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje y que son los mismos que se posaron en la paleta de Klimt, de Van Goth, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Los bosques modificarán sus colores de un día para otro. Será durante las próximas semanas, y en función de las temperaturas y las lluvias, cuando hayedos, robledales y bosques de ribera comiencen a sustituir los verdes del verano por una impresionante gama de amarillos, dorados, rojizos, cobrizos y ocres. Y cuando esto suceda y sin darme cuenta ya será de noche y oiré la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a unas mañanitas de niebla dorada por un sol muy, muy amable. Será entonces cuando bandadas de flamencos crucen el cielo hacia las salinas marmenorenses y en el gran bosque mediterráneo luzca coloridos en sus acebales, alcornocales, quejigales, téjales, encinares, hayedos y robledales que rodean las extensas rañas y los altos de los valles Con las primeras semanas del otoño llegará también uno de sus grandes espectáculos naturales: la berrea del ciervo. Los bramidos de los machos romperán la calma de los montes durante su época de celo y podremos escucharlos especialmente al amanecer. El sol ya no abrasa y como las tardes toman su tiempo para despedirse, el crepúsculo llega sin prisas envuelto en luces cárdenas y con la orquesta de los venados requiriendo de amores. Vale.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


jueves, 17 de septiembre de 2026 in

DESEOS

 


 



Llegaste Inés

como llega el alba:

pidiendo permiso

y quedándote con todo.

Viniste Inés,

pequeño sol en brazos

al alba:

y ahora tu mundo

empieza con tu nombre.

Eran las 8:00 h de la mañana del pasado domingo día 13. Y saltó la noticia: Ha nacido Inés. Y con la noticia, hermosa noticia, cambiamos, había que celebrarlo, el protocolo de nuestro desayuno con sabor a fin de verano: un batido de moras acompañó a varias tostadas regadas con aceite de oliva y restregadas con tomates jugosos de la huerta.

A partir de ahí muchas fueron las señales que adelantaban el próximo cambio de estación sin necesidad de mirar el calendario. Desde hace días, los rayos solares han ido cambiando su inclinación y, donde antes pegaba un sol de justicia, ahora hay frescura y esa hermosa luz mediterránea que nos permitirá sentarnos a la hora del Ángelus, con un libro en la mano, sin tener que cobijarnos bajo techados o sombrillas.

 Y querida Inés, ya sé vienes con las alforjas llenas de vida e ilusiones, pero voy a darte un pequeño consejo que cuando seas mayor lo comprenderás, aunque el yayo no esté presente o sí. Es una frase que Sancho Panza, su escudero, le dijo a don Quijote: “Yo no tengo más que estas alforjas llenas de un poco de queso y de pan y no sé cuántas nueces y avellanas”. De ahí estos anhelos.

 

 DESEOS

 

INÉS,

ahora que ya sé cómo llamarte

quisiera que tus ojos

reflejaran ese cielo

con su diáfano azul,

en sus ámbitos inmensos;

que tu boca riera

lozana y fresca

con nuestro feliz contento;

que seas niña

para amar al mundo

y colmada de razón.

Ruego al mundo

nunca te niegue esos derechos,

que el mundo venga ofrendado

en ese bello soñar primero…;

que tengas buena niñez,

¡oh mi agraciada niñita!

con inconciencias pueriles

y dulces juegos,

hasta ilusiones doradas

de ternura y de besos

con caricias parentales

y nunca pueriles miedos

siendo para tu alma

los más dulces

de todos esos consuelos.

Que tus ojos claros orienten

tu vida y sentimientos.

¡Benditos tus ojos claros

que ahora relucen cerrados,

por todos son contemplados

¡Oh, Inés!

desde tu cuna a los cielos.

 

¡Ojos claros, me alegraron;

ahora os bendigo y os quiero!

 

PRJP. N.º 35. Desde Garnacha y con mis mejores gozos Inés.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


jueves, 4 de junio de 2026 in

HASTA SEPTIEMBRE

 





HASTA SEPTIEMBRE

 

Los auroros son una tradición secular en la región de Murcia, sobre todo en los pueblos y pedanías de la huerta. Es aquí y recordando las fiestas de San Juan, San pedro y San Pablo e investigando en sus tradiciones donde me he encontrado esta letrilla sencilla e ingenua en la fiesta del patrono de la villa y de la Iglesia universal

 

Es san Pedro de la Iglesia
la piedra fundamental,
el primero que ha ocupado
la silla pontifical.

Es muro de fortaleza
contra el dragón infernal
(bis)

Por más que el infierno
vomite maldad,
la Iglesia de Cristo
no perecerá.

Pues lo testifica,
pues lo testifica,
pues lo testifica
la eterna Bondad.

Es esta una manera pueblerina de decir aquello de “Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos y lo de que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la roca de Pedro”.

La Medusa Paca se va de vacaciones, pero a pesar de ello, se dedicará a seguir estudiando, escribiendo, además de disfrutar del justo descanso necesario, y para ello buscará en estos dos próximos meses veraniegos lugares propicios para todo eso: en sus archivos y en esos parajes en paz y sosiego que ama. A comienzos de septiembre, como en años anteriores, continuará estos apuntes breves y sinceros sobre la navegación vital de cada día, si el Deus sive Natura (en este caso, sí) coopera desde su hondo fundamento imprescindible.

Los calores, el cansancio, el ajetreo de las vacaciones, los viajes… Todo es motivo como cada año para entornar las páginas del cuaderno de la Medusa Paca.  Por lo cual lo entorno, lo cierro y lo guardo hasta el primero de septiembre, como hice el año pasado.

Quedo leyendo el último libro de Antonio Munñoz Molina: El verano de Cervantes, y me gustaría que, al volver, no tenga que darme de bruces, también desde aquí, con un disparate histórico, de imprevisibles consecuencias. Los “eternos temas” serán, al final de las vacaciones, más o menos, los mismos. Y los no eternos, que nos preocupan, tal vez se harán más insistentes y hasta más agobiantes. Tiempo (vida) habrá para ello, si Dios quiere. Así que hasta septiembre. ¡Pluriman salutem!

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


miércoles, 27 de mayo de 2026 in

SE NOS VA MAYO

 



SE NOS VA MAYO

“¡Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero!” (Rafael Alberti)

Hoy, como cada día al despertarme, he abierto todas las ventanas de la casa. Es algo que no tiene sentido, también se puede ventilar desde el sosiego y sin esa precipitación de quien recorre habitaciones como quien pasa revista. Y, sobre todo, se puede ventilar a una hora con mejor temperatura. En Garnacha, en mayo y a las siete de la mañana, el frescor no es solamente un concepto meteorológico: es un género literario. Así que la última ventana la abro como Jon Nieve en lo más alto del Muro. Saco la cabeza buscando el aire limpio de un nuevo día, me pongo a caminar y me perfumo al sentir lo bien que huelen los bancales de naranjos y limoneros en los campos cercanos a casa.

Con la frescura del alba, huele a jazmín; el aire es tibio; la luz de la mañana acaba de encenderse. Dentro de un rato estaré entre molinos y salineras, quieto, escuchando. A punto de oír otra voz en la voz de los pájaros.

Uno quisiera oír la confirmación del mundo en la voz de los pájaros. La primavera, esta primavera extraordinaria, engendra y hace crecer lo que está vivo. El ser corre como un río. Bajo los cielos de estas mañanas veo pasar el tiempo que me acaba. No importa, exactamente para eso tenemos la palabra elegíaco: para celebrar el esplendor y su tristeza.

El jazmín de primavera, una mañana de mayo, el canto del mirlo. Tres elementales poéticos. Y, sin embargo, viniendo desde mi vida, esta escena me parece tan inesperada como ver amanecer en un nuevo planeta. El otro día leí esto de Benjamin: “Para apoderarse de un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones”. Igual con un hecho sucede lo mismo. Igual no hay un milagro sin un punto de vista. El frescor y los perfumes se han acercado a rescatarme en mi paseo y lo renuevan todo, mientras recordaba a Alberti. El frescor y los perfumes entran por el pasillo de los dos mares y lo renuevan todo, mientras sigo recordando a Alberti. Vale.

 


 Salinero

....Y ya estarán los esteros
rezumando azul de mar.
¡Dejadme ser, salineros, granito del salinar!
.
¡Qué bien, a la madrugada,
correr en las vagonetas
llenas de nieve salada,
hacia las blancas casetas!
.
¡Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero!

 

¡Traje mío, traje mío,

nunca te podré vestir,

que al mar no me dejan ir!

 

¡Nunca me verás, ciudad,

con mi traje marinero;

guardado está en el ropero,

ni me lo dejan probar!

 ¡Mi madre me lo ha encerrado,

para que no vaya al mar!

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 18 de mayo de 2026 in

Mayos de mayo

 



 “No era el miedo un pájaro aterrado

entre oscuras paredes,
ni el nocturno chirriar de la madera,
ni la luna, de pronto, en el armario hundiéndose,
ni el viento agazapado en las cortinas.
Era el miedo un vértigo exquisito
ante el altar purísimo de mayo
y olía a madreselvas y alhelíes.” (Ana Rossetti)


Desde las primeras culturas agrícolas, el árbol ha sido el símbolo de la sacralidad cósmica. Como él, ha de ser renovado, cada año, todo el universo. Árbol del conocimiento. Árbol de la vida. Se le adora, se le toca y se le besa. Se danza ritualmente en torno a él.


En torno a él -chopo, haya, pino o sauce-, armado con gallos, espadas, monigotes u otros símbolos, se jugaba y bailaba, el día primero de mayo, como ante el tótem protector de las cosechas.

Prueba de habilidad y de fuerza, es hoy todavía en algunos pueblos símbolo de la primavera, de la fertilidad; mástiles de la navegación; pararrayos colectivos contra las desdichas del azar; ídolos vegetales, que ni el sol ni la lluvia ni el viento respetan; banderas naturales, pacíficas y multicolores, del reino del aire, del agua, de los vientos y de la luz: mayos de mayo.

 

AGUA DE MAYO

 

Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

Llueve y llueve de vicio,

todo este sábado,

y llueve y vuelve a llover

sobre mojado.

Y en las orillas entremares,

con arribados,
en sus desfiladeros

y acantilados,

sobre sus embarcaderos,

sobre sus barcos.

Entre los Castillicos

llueve un lluviazo

sobre sus palmerales,

sobre su encanto.

Llueve y llueve de vicio,

todo este sábado,

y llueve y vuelve a llover

sobre mojado.

Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

Llueve sobre naranjos,

sernas y prados.

Y en el mercadillo

mar diluviado

Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

 

PRJP: N.º. 35. En Garnacha y con agua de mayo un día del mayo de 2026.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 11 de mayo de 2026 in

Flores de Mayo

 


 



Flores de Mayo

 

“Intuyo el gris desatado de sus raíces
ahora que el calor huele a lluvia
y a naranjos abiertos la mañana
tarde se descubre mayo
pues hoza el día en los caminos
buscando los restos del hombre
que prendiera sombra
en su mirada.” (José Manuel Ramón)

Hace unos años, Julio Caro Baroja, humanista donde los hubiera, se lamentaba de la desaparición del “ejercicio de las Flores de Mayo”, tan bello y popular antaño, en casi todas las partes de España. Me he puesto a mirar por La Rioja en el hogaño del mayo de 2026 y he visto que sólo en unos pocos colegios de la capital y provincia y alguna parroquia diseminada por algún pueblo a medio vaciar y en alguna romería suelta se mantiene la costumbre. “De nuevo aquí nos tienes, / purísima doncella, / más que la luna bella, / postrados a tus pies”. En mi pueblo las chicas de primera comunión, con sus vestiditos blancos, levantaban los ramos de flores hacia la imagen de la Inmaculada, cuando llegaba el estribillo: “Venid y vamos todos / con flores a porfía, / con flores a María, / que Madre nuestra es”. Bellas y entrañables formas de devoción religioso-cultural, vigentes durante siglos, van desapareciendo, si no han desaparecido ya, de nuestra vida pública y privada. Para limitarme a las formas de devoción mariana: las tres avemarías, el ángelus, las novenas, algunas fiestas de la Virgen, las procesiones, el mes del rosario, el mes de María, las “flores de mayo” … Resiste mejor el rosario y siguen muy vivas algunas romerías, especialmente en este mes. Pero casi nunca hay devociones que reemplacen, acomoden o renueven a las decaídas o decadentes. La tradición de las “flores” viene de lejos. Ya Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (primera mitad del XIV) cantaba: “Quiero seguir /a ti, flor de las flores, / siempre dezir / cantar de tus loores; / non me partir / de te servir / mejor de las mejores”.



Mayo

 Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

Es el miedo un vértigo exquisito

ante el altar purísimo de mayo
que huele a madreselvas y alhelíes.
Es un mantel de almidonado hilo
con ángeles tañendo entre vainicas.

 Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

  PRJP. N.º 74 Cuando mayo se desliza por Garnacha.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


viernes, 1 de mayo de 2026 in

CRISTO Y SU CRUZ A CUESTAS




 



 



 

CRISTO Y SU CRUZ A CUESTAS

 

“La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.” (Antonio Gala)

 

Es mayo y en su día primero, en Grávalos, es la fiesta del color, de la alegría, del tiempo sin horas y de los pequeños gestos. Es la fiesta del Cristo y de la bajada del Humilladero. No es fácil de entender, ni tampoco de explicar. Es lo que es y punto. 

Desde pequeño aprendí a contar las primaveras a través del Humilladero, del 22 de abril y el día del Cristo en el primer día de mayo. Los dos días definen a la perfección, sin necesidad de apelar a grandes ripios ni metáforas, la belleza de un pueblo que entre abril y mayo se viste de gala para mostrar su cara más acogedora y jovial. El 22 de abril y el primero de mayo, entre la novena del Humilladero y el Cristo Grávalos es clavadito en toda su esencia a ese espejo que nos muestra las bondades de su carácter y las carencias que lo hacen único. Es la fiesta de los primeros amigos y de los primeros besos, del fleco del traje que se lía en el botón de la chaqueta al portar a la Virgen o al Cristo, de esa mirada cómplice apoyado en la reja de la ermita, de esas dos sillas que unían los padres para que durmiéramos el sueño de las noches eternas, de esa calle del Cantón, de los suspiros, rezos y plegarias, del amor y la nostalgia. Por eso, Grávalos es de otra manera. ¡Gracias a Dios y a su bendita Madre!

Vengo a contaros Cofrades algo que me han dicho entre el incienso que trepa por los almendros floridos, cuando perfuman altaneros el “Puerto” y más arriba, en el “Cantón”, entre el aroma de lirios, mientras la candelería enciende mil suspiros, cuando alguien aprendía el oficio de saber llevar un trono con el corazón prendido. Esto me lo musitó, quizá apenas fue un susurro, los sonidos de la banda de música meciéndose con olor a incienso puro y cera de velamen. Esta celebración, convertida desde años en una celebración de las más importantes de Grávalos, es un testimonio vivo de la fe de un pueblo que, generación tras generación, transmite la devoción al Santísimo Cristo de la Cruz a Cuestas y de Nuestra Señora del Humilladero.

Crujen los trabadores bajo el peso de la devoción mientras Grávalos y su feligresía se vuelve un pañuelo de suspiros mientras una marea de sentimientos se derraman por las esquinas cuando el paso del Santo Cristo y su Madre Humilladero parece querer rozar el cielo con la yema de los dedos que abrazan la Cruz. Es el momento en que el tiempo se detiene y la madera y la piedra se hacen carne en las imágenes, cuando el silencio solo lo rompe el roce de zapatos sobre el viejo empedrado y el murmullo de una urbe, que se reconoce en sus imágenes sintiendo que cada esquina, es un latido compartido de su propia historia. Así, entre el revoloteo nervioso de los vencejos y las recién llegadas golondrinas en los aleros, se muestra y expone el respeto de cientos de gravaleños y se presume con orgullo por qué es una de las procesiones más serias, ordenadas, perfectas y costumbrista de la tradición gravaleña.

Al final de la mañana, cuando el silencio se adueñe y se mezcle con los cantos y sones de la banda de música y las luces de los cirios se rindan ante el sol del mayo gravaleño, quedará el eco de una devoción que no entiende de calendarios. Es el misterio de un pueblo que se hace templo y de una madera que, tras años de historia, sigue acunando los lamentos y esperanzas de todo este nuestro pueblo. En ese caminar lento y perfecto de hombres y mujeres y jóvenes y niños bien vestidos Grávalos, no solo ve pasar una procesión sino que se reencuentra con su propia esencia, renovando cada Primero de Mayo ese pacto invisible de fe que mantiene viva su memoria más sagrada. Y así va pasando la mañana. Y así este cronista lo canta. Y así escuché decirme en su gran solemne entrada, otra vez lejano, sólo por kilómetros, tras celebrar el encuentro, ¡Grávalos cómo vibraba!, cuando volví a pediros que a su antiguo templo entrara. Vale.


AL CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS

 

Cristo de “morao” de terciopelo.

Cristo que eres vecino

aunque te lleven a cuestas

por las cuestas de mi pueblo.

Cristo que abrasas balcones

de aplausos y de ilusión.

Cristo que convocas gentes

de cualquier generación.

Cristo de muerte acallada

y de tan gravaleño son.

Repiquetean campanas

meciendo tu resplandor.

Músicas que anuncian al viento

toques de pena y candor.

Cristo de café con leche

y vermut sin relumbrón.

Cristo de pendón antiguo

y cercano callejón

donde tus fieles te aclaman

con blasfemias de aflicción.

Cristo que al pasearte por Grávalos

apaciguas su desazón.

hoy no te portan taramoscos

con túnicas de “morao” inspiración.

Mira cómo vibran tus cofrades

de vivas y de extenuación,

de sollozos a puñados,

rebosando de esplendor.

Mira, al fin, Cristo sublime

que paralizas el pueblo

que musita una oración.

Se apagaron los lamentos

y la cera se apagó.

Concluyeron las cantatas,

culminó la procesión

y los desfiles ahogaron

su triste desolación.

 

PRJP. N.º 34. Desde Garnacha en recuerdo a todos los cofrades que fueron, son y serán.


Texto de La Medusa Paca fotografías la Medusa Paca y cedidas por Jesús María Jiménez y Raúl Fraile. Copyright ©. 



miércoles, 22 de abril de 2026 in

Celebrando un 22 de abril

 



A metro y medio de Ti

sobre tu trono ensalzada

no hay quien en el mundo pueda

aguantarte la mirada.

Unos verán una joven

en sollozos entregada,

otros una mocita

con lágrimas de perla y nácar. (PRJP)

 

Celebrando un 22 de abril

Cuando sale la Virgen de camino hacia la iglesia, cada veintidós de abril después de voltear el campanillo de su ermita, y por la mañana, en Grávalos pasan cosas infinitas. A su paso queda el cruce del “Puerto” al vaivén de los cierzos en un tiempo en el temblor.  Y hay veces que hasta sudan los sillares de piedra “china” de su barandilla y hasta las abanican los devotos mientras la esperan. A veces el remolino del café se lleva el olor de las calas, junto a los lirios, y el aliento de los caminantes. La cucharilla da cien vueltas de impaciencia. La misteriosa mañana parece siempre por venir. Por eso yo, siempre en este día, le suelo tararear a la Virgen, mientras la veo procesionar desde la lejanía, una letra por alegrías de Cartagena que escribió un tal Isidro Muñoz: “Cascaritas de naranjas / a cubitos voy cogiendo / por encimita del agua / cuando el sol ya va saliendo, cuando el sol se va escondiendo, / cascaritas encendías / de naranjas de la mar. / Mañana a la misma hora / recojo un cubito más”.

Hay algo salobre en la Virgen. No sé explicarlo. Su imagen avanza recogiendo cascaritas de naranja, destellos de espuma, el alba húmedo y casi helador del cierzo. Ella es como una desembocadura, ensanchamiento de amor en ese cruce de caminos y en sus cuatro direcciones. La oración que todos necesitamos antes de afrontar la inmensidad de un océano. Por eso durante su procesión la luna es un confeti. Cada trozo de cielo entre los dientes de piedra recuerda las teselas de los pájaros volando hasta la tez de la memoria. Es rosa su pupila. Y su mirada desciende hasta la hiedra de la baranda abandonada en una proyección inexplicable. Dios es cada suspiro en la alborada, un rayo que atraviesa la villa desde los ojos de la Virgen. Su cara nacarada de destellos rebosa en los balcones y en los maceteros de los geranios encendidos como faros.

Yo no sé qué tiene la Virgen Humilladero en su encarnadura que simula arrugas de juventud, pero algo tiene. Cuando sus siervas encienden las candelarias de acompañamiento sale un sol por la cornisa del campanillo que ciega incluso por la espalda, que se derrama por los hombros sobre los pies, que hace estallar las sombras como si la claridad fuera una piedra sobre el tejado. Ese sol hace añicos las figuras. Porque sólo se permite una silueta. Ella. Nada más. ¿Cómo explicarlo? Todo gravaleño tiene su advocación de María, su petición reservada. Pero cuando las campanas de la iglesia de la Antigua y el campanillo de su ermita enloquecen en la mañana de abril para despertar al mundo, no hay nadie en el pueblo que no bisbisee lo que desde varias generaciones se le pide en sus casas a la Virgen del Humilladero. Volver. Abrir los ojos de nuevo ante Ella para ofrecerle otro cubito de cáscaras 'encendías' de naranjas de la mar. Y al regresar, rota la luz y rota la costumbre, yo siempre juego a preguntarle a la margarita que le arranco cada primavera si me quiere o no me quiere. Y ELLA siempre me contesta: ¡SI TE QUIERO!


ELLA

 

Amor de flor de abril,

olor alado,

pellizco de la rosa “encendía”,

almendro, naranjo despojado,

¡avemaría!

alféizar medieval más elevado.

Amor del abanico enajenado

que aventas ante el mar la algarabía

del cuerpo que me da la Eucaristía

y pone a Humilladero en mi costado.

No hay flor que tu mirada no deshoje

y cuente cada pétalo a los vientos,

ni nardo que al pasar no se me antoje.

La Virgen va entonando el miserere

y yo voy deshojando mis lamentos:

que, al partir de tu ermita,

rota la luz y rota la costumbre,

yo siempre juego a preguntarle

a la margarita que le arranco cada primavera

me quiere, no me quiere:

¡Sí me quiere!

 

PRJP. N.º 33 Dede Garnacha y en otro año más, este de 2026.

 

 

Texto y fotografías de Jesús María Jiménez Pérez y La Medusa Paca. Copyright ©.


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