Cine

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lunes, 23 de abril de 2012 in ,

Cuarenta años de ilusiones


Cuarenta años de ilusiones


Esta noche me he puesto a soñar en blanco y negro, he sentido el placer de vibrar con el miedo, he disfrutado observando como se usaba el talento y el buen gusto hasta comprobar que en la TVE también cabía el arte mientras en el cuarto de estar, un rincón de la cocina y en el salón se reunía la familia por las noches esperando que Don Cicuta fuera capaz de construir ilusiones con rayos catódicos.

Esta noche me han entrado unas ganas enormes de comenzar a dar gracias por todas aquellas respuestas a veinticinco peseteas cada una; por la calculadora de aquella pequeña e infantil Victoria Abril, aquella que un día Ibáñez Serrador predijo iba a ser actriz ; por todos los supertacañones con aquel estrafalario don Cicuta y sus sabias respuestas; por la Ruperta que a partir de entonces dio nombre a todas las calabazas, las agrícolas y las docentes; por todos los apartamentos perdidos y los que fueron a buenas manos; por aquellos coches sobre los que nevaban azafatas de gafotas grandes y ternura inmensa; por habitar en mi imaginario y en el de todos aquellos que hoy, al leer esto, se unen a este abrazo tan gordo…por tantas y tantas cosas de las que no me olvido pero que aquí no caben.

La razón por la que he soñado esta noche no ha sido otra que, hoy martes 24 de abril, se cumplen 40 años de un programa que fue elegido entre los 25 más importantes de la historia y que era capaz de reunir delante del televisor a 20 millones de espectadores.

Fuera ya del sueño debo decir que siento que los hijos de mis hijos no puedan sentarse delante del plasma o del moderno televisor LED de color  y 3D para poder presenciar a esas lindas exhibidoras de muslamen, cortadas por el mismo patrón y condenadas al mismo tipo de fama y poder quedar inhibidos por adivinar el espectáculo final con el suspense del automóvil...que le hiciera tan popular. Esto tiene su mérito.

Fuera ya del sueño quisiera que ellos comprobasen qué era eso de subastar las palabras al precio módico de “por veinticinco pesetas”. ¡Ay la peseta! Por de pronto la peseta, la gran vedette del espacio, ha cambiado, ya no existe: se ha devaluado. Ya no es la misma peseta de entonces. Ni física, ni metafísicamente. ¡Ay, que dónde dije peseta, ahora gritan queriendo decir euro!


Fuera ya del sueño deseo decirles que el tiempo no ha pasado en balde, tampoco para mí, que España permanecía adormecida por decreto-ley que, desde entonces, han acontecido un montón de cosas y que se logró hacer del famoso concurso un producto encantadoramente retro, aunque siempre habrá algún progre que trate de calificarlo como estúpidamente subdesarrollado.

Fuera ya del sueño debo señalaros que, cuando en los papeles ni siquiera se podían escribir las siglas de la democracia cristiana, esto ya lo iréis entendiendo, pues nada más normal que nos divirtiéramos como niños de la E.G.B. con tales encantadoras chorradas”. 

Ahora, ya despierto, os contaré que será muy difícil que podáis sentaros delante del televisor para presenciar un programa como aquel de los abuelos porque lo que ha variado, mayormente, ha sido el contexto y, como dicen literatos empedernidos, no es lo mismo escribir El Quijote en el siglo de Cervantes que en el lustro del revisionista  Pierre Menard. Ahora las televisiones están en otra encomienda: en el facilón método de halagar las bajas pasiones o sea, las pasiones del bolsillo y las de al lado del bolsillo. Con el tiempo comprenderéis por qué la máxima de los antiguos tenía claro aquello de: similia similibus curantur: los programas televisuales semejantes se curan por medio de otros semejantes.

No preocuparse, no habrá semejanza: sería muy difícil que un concursante de hoy aceptara como premio el ser poseedor de un metro cuadrado de tierra en cualquier cementerio del suelo patrio. ¡Impensable y terrible!

Se habrán dado cuenta de que lo escrito hoy no es otra cosa que recordar ese programa de la tele en blanco y negro y que tuvo a Don Cicuta como personaje, que de ser odiado, pasó a ser un hombrecillo tierno y muy creíble divirtiéndonos.


Texto La Medusa Paca. Copyright © 

miércoles, 23 de noviembre de 2011 in

“Los muertos no se tocan, nene”

“Los muertos no se tocan, nene”

Logroño estuvo anoche de estreno, se estrenó “Los muertos no se tocan, nene”, película que Rafael Azcona no pudo hacer con Ferreri en 1956 y sí  ha podido realizarla José Luis García Sánchez basándose en la novela homónima del escritor riojano.
La Medusa Paca desea sumarse al acontecimiento y aquí está junto a Rafael, el escritor, el humorista, el riojano, ese hombre que:


“Porque el hombre no es hombre porque fume,
Ni beba de su muerte en una copa,
Ni prenda en su solapa primaveras,
                                  Ni tenga en sus tarjetas ciertas cosas”… (Rafael Azcona)


La película se rodó el pasado marzo en  Logroño, ciudad natal del recordado escritor y guionista. Viejo proyecto que Azcona no pudo llevar a la pantalla junto al italiano Marco Ferreri en 1956 por culpa de la censura. Medio siglo después sus amigos y colegas lo han llevado a cabo para rendirle homenaje y devolverle una sonrisa.

Sonrisa o cascada de sonrisa, carcajadas  fueron  las  que hace diez días  en el Festival de Sevilla de Cine Europeo brotaron , como si fuese una broma más de Azcona, cuando por problemas de sonido ocurridos durante la gala inaugural estropearon su puesta de largo. “Parecía una jugarreta que nos gastaba Rafael desde arriba”, bromeó García Sánchez. Sería una más.

 Cartel de la película realizado por el humorista Antonio Mingote, amigo de Azcona.

Logroño, 1959. Fabianito, adolescente y aprendiz de poeta, asiste perplejo a la grotesca organización del velatorio de su bisabuelo, don Fabián, ex funcionario y taurino de pro, que ha gastado los ahorros de una vida en comprarse una televisión. Fabianito descubrirá el amor en estas circunstancias, mientras la familia aguarda impaciente la llegada del alcalde con la intención de que nombre a don Fabián hijo ilustre de la ciudad. Los acontecimientos y las visitas desbordarán a la familia del finado, ya complicada de por sí, generando situaciones cómicas y macabras.

Fabianito, ese personaje del niño adolescente es, de alguna manera, según el biógrafo y amigo de Azcona, el dramaturgo riojano Bernardo Sánchez, un autorretrato del propio autor... dándose la circunstancia de que algunas de las secuencias principales fueron rodadas precisamente en Logroño, su ciudad natal, al cumplirse el tercer aniversario del fallecimiento del genial guionista. 

Para llevar el peso de este cruce de historias hilarantes y estrafalarias, el director ha contado con un extenso y eficaz reparto que incluye nombres que nos acercan inevitablemente a la comedia como Álex Angulo, Mariola Fuentes o Carlos Iglesias, grandes actores de oficio como Silvia Marsó, María Galiana o Carlos Álvarez Novoa y recupera algunos nombres históricos del cine y el teatro como Tina Sainz, Fernando Chinarro, Juan Polanco, Roberto Bodegas o Carlos Larrañaga. La nota joven viene de la mano de Blanca Romero y Javier Godino y el reparto se completa con los niños Teo Planell y Priscila Delgado, junto a un adolescente Fabianito, verdadero protagonista de la película, encarnado por el televisivo Airas Bispo.

Azcona fue el Guionista para ni más  ni menos que 82 historias, al servicio de directores como Ferreri, Saura, Berlanga, García Sánchez, Olea, Trueba, Chávarri, Gutiérrez Aragón, Barden o Fernán-Gómez, por citar solo algunos casos ilustres. 

Azcona fue Guionista de humor: “los guionistas son como putas y su moral consiste en satisfacer las fantasías del director”.

El humor es clave en esta película que ha sido filmada siguiendo los mismos criterios de planificación e imagen de los dos míticos títulos del dúo Ferreri-Azcona. Así, la película retorna al blanco y negro, el sonido ha sido doblado a posteriori como se hacía antaño y el rodaje ha buscado emular los largos planos-secuencia en los que se entremezclaban diversas historias paralelas, a cual más disparatada...

Precisamente Azcona, el riojano humorista, el guionista riojano pudo definirse con aquella definición que, esbozando su autorretrato define al Repelente niño Vicente. “ Un niño estudioso, educado serio, formal y amante de todo lo que no sea cuchufleta, broma, bagatela o, sencillamente frivolidad”. Ese es Rafael Azcona, seguro. Alejado del mundanal ruido.

 María Galiana y Carlos Álvarez, en la presentación de "Los muertos no se tocan, nene". Fotografía cortesía de EFE


Texto de La Medusa Paca. Copyright ©

jueves, 10 de noviembre de 2011 in

Cuando “La Calle Mayor” se convirtió en cine

Cuando “La Calle Mayor” se convirtió en cine

Fotografía de filmaffinity.com

El estreno de Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem, tuvo lugar un 26 de enero de 1957 en el cine Gran Vía de Madrid. La Medusa no tiene ni idea si  la película sigue resistiendo como el primer día, lo que sí conoce es que su estreno fue todo un acontecimiento cinematográfico y político, que significó y significa una esperanza para hoy y mañana.
¿Recuerdan quien fue Betsy Blair? e ¿Isabel? ¿Y Calle Mayor? ¿Y Logroño? ¿Recuerdan a esos ciudadanos que, paseando entre portales porque en las ciudades como estas hay que guarecerse de la lluvia, echan humo y que sin ellos las calles carecerían de  glamour? Pues eso fue Calle Mayor, esa película que trata de los hombres y mujeres de una época que representó el único camino para revestirse de cierta intemporalidad.
La Medusa Paca trata de contestar hoy a todos esos interrogantes y, para no equivocarse, se reunió ayer con un grupo de amigos para contrastar datos y ver si podían aportarle las sensaciones que, como todos son de la misma edad, tuvieron cuando J. A. Bardem rodó la película. Le contaron tantas cosas que se puso muy contenta. Dos de ellos, con doce años de 1956, hasta llegaron a ser figurantes de tal drama. 
Después de tomarnos un cafelito hicimos una ronda por la Calle Mayor, Portales en la nomenclatura logroñesa, esa calle en la que los habitantes de esta ciudad provinciana, pasean, chatean, combaten el aburrimiento, compran, quedan, se enamoran, se encuentran y viven asidos firmemente a sus tradiciones y costumbres. 
Paca constató, después del paseo, que casi todo sigue igual pasados cincuenta y cinco años, hasta el letrero sobre la columna del soportal en el que se prohibía “fijar anuncios” está en su sitio y hasta la puerta principal de entrada a la iglesia Concatedral de La Redonda todavía sigue allí, aunque ahora cerrada.

La Medusa no desea ni intenta ser rancia señalando que casi todo sigue igual como si fuese un homenaje a la ciudad de Logroño de los 50. Allí están los mismos comercios y las mismas cafeterías y las mismas piedras y hasta la tienda de fotografía  en la que me compré, con mis ahorros de paga de los domingos, mi primera Leica Modelo III F de la que Paca tiene vagos recuerdos de ella si no fuera por los comentarios que mis padres, en alguna ocasión, me hicieron entusiasmados.

Es una pena que Juan, queriendo salir de su aburrimiento, nos gastase la broma de hacernos ver que se enamoró de Isabel esa “mocita” que a sus 35 iba para solterona, pese a no ser fea, ni tonta, ni mala persona.

Ya saben, todo fue de cine y todo fue un engaño y mientras, para salir de él, paseaban juntos por la Calle Mayor, donde todo el mundo se conoce, como hoy, y llegan a planear incluso la boda, para al final terminar de una manera que no desvelaré. Deseo vuelvan a verla si ya la vieron o simplemente verla, sino la conocían y, en cualquiera de las dos circunstancias, observarán que es curioso ver décadas después cómo se llevaban los noviazgos entonces, que supongo no serían muy diferentes de cómo se ve aquí, o no.

Creo recordar, por haberlo leído, que J.A. Bardem quiso en los 90 rodar de nuevo la 2ª parte de aquella otra su Calle Mayor, no lo hizo. Me comentan que fueron dos las razones por las que desistió: una que el espacio geográfico ciudadano no había cambiado demasiado, aunque sí la sociología, costumbres y vestimenta de sus gentes; y la otra  que no encontró productora que se arriesgara con una película que no mucho público podía conocer o apetecer ir a un cine para verla, en la era del cine hollywoodiense. Paca manifiesta que fue una lástima.

La Medusa conoce que no hay muchas películas que se hayan rodado en esta ciudad, por eso hoy ha deseado recrearse de forma especial pasando la mañana en ese paseo porticado que preside toda la vida de la ciudad, recordando y recreándose en su Calle Mayor porque  cualquiera que haya estado en la calle Portales de Logroño la reconocerá, es de cine, porque siempre habrá una Calle Mayor.

 Fotografías de filmaffinity.com y Medusa. Texto del archivo de La Medusa Paca. Copyright ©

jueves, 8 de septiembre de 2011 in

COLORES VIVOS EN EL VELATORIO

La Medusa Paca presta hoy con honor su espacio y lo hará tantas veces cuando la noticia, en cualquier medio de comunicación, sea interesante. Hoy  lo hace con esta noticia sobre el homenaje póstumo a Rafael Azcona escrita por Jonás, un periodista que constantemente nos trae noticias de esas que alimentan el espíritu al recordar a los que ya no están.
En este caso, el que no está es D. Rafael Azcona riojano de bien que, ingeniosamente, dio profundidad y verdad a aquel Berlanga de tantas y tantas películas y que en definición de Francisco Umbral escribió que “el humor de frase, de ocurrencia y de diálogo intencionado es un salto cualitativo en el cine de Berlanga y viene de Azcona, el mejor guionista que ha tenido España jamás”. Además riojano, como La Medusa Paca.

COLORES VIVOS EN EL VELATORIO

El filme de García Sánchez, homenaje póstumo al guionista riojano Rafael Azcona, será estrenado en noviembre Antonio Mingote ilustra el cartel de la película “Los muertos no se tocan, nene”

 Cartel de la película

La difunta está casi lista. “En un par de semanas”, según fuentes de la productora Gona Films, estará terminada la película “Los muertos no se tocan nene”, dirigida por José Luis García Sánchez y basada en la novela homónima del guionista riojano Rafael Azcona. Su estreno está previsto en el Sevilla Festival de Cine Europeo (del 4 al 11 de noviembre), aunque también se espera un preestreno en Logroño, ciudad natal del recordado escritor y escenario de buena parte del rodaje el pasado marzo.
Uno de los últimos detalles dados a conocer es el cartel de la película, realizado por el célebre dibujante Antonio Mingote, amigo personal de Azcona. Él fue quien apadrinó a aquel “joven poeta logroñés”, cómo le recuerda con cariño, en su llegada al Madrid de los años cincuenta y quien le abrió las puertas de la revista La codorniz.

“Enseguida nos hicimos amigos -cuenta Mingote sobre aquella primera época-. Hablábamos y hablábamos. Casi no hacíamos otra cosa que hablar y reír. Lo que más hacíamos era reírnos”. El sentido del humor, uno de los vínculos que forjaron su larga relación, es algo que destaca de la obra de Azcona: “Su gracia para contar las cosas. Cuando una cosa se cuenta bien, se hace creíble, por rara y estrafalaria que sea... Eso hacía Rafael”.

Aunque Mingote no se considera cartelista, afirma haberse sumado a este proyecto “con todo el amor”, siendo como es un homenaje póstumo al mejor guionista del cine español. “Es uno de los grandes talentos de la literatura española -sostiene el dibujante-. Era un literato que escribía guiones. Habría sido un gran novelista”.

El cineasta italiano Marco Ferreri y Azcona rodaron El pisito y El cochecito en 1959 y 1960, pero no pudieron completar la trilogía con Los muertos... Tres años después de la desaparición de su autor, el proyecto ahora recuperado por sus amigos el productor Juan Gona, el director García Sánchez y el guionista David Trueba está a punto de hacerse realidad con la colaboración de muchos otros compañeros y admiradores del gran Azcona.

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