jueves, 17 de septiembre de 2026 in

DESEOS

 


 



Llegaste Inés

como llega el alba:

pidiendo permiso

y quedándote con todo.

Viniste Inés,

pequeño sol en brazos

al alba:

y ahora tu mundo

empieza con tu nombre.

Eran las 8:00 h de la mañana del pasado domingo día 13. Y saltó la noticia: Ha nacido Inés. Y con la noticia, hermosa noticia, cambiamos, había que celebrarlo, el protocolo de nuestro desayuno con sabor a fin de verano: un batido de moras acompañó a varias tostadas regadas con aceite de oliva y restregadas con tomates jugosos de la huerta.

A partir de ahí muchas fueron las señales que adelantaban el próximo cambio de estación sin necesidad de mirar el calendario. Desde hace días, los rayos solares han ido cambiando su inclinación y, donde antes pegaba un sol de justicia, ahora hay frescura y esa hermosa luz mediterránea que nos permitirá sentarnos a la hora del Ángelus, con un libro en la mano, sin tener que cobijarnos bajo techados o sombrillas.

 Y querida Inés, ya sé vienes con las alforjas llenas de vida e ilusiones, pero voy a darte un pequeño consejo que cuando seas mayor lo comprenderás, aunque el yayo no esté presente o sí. Es una frase que Sancho Panza, su escudero, le dijo a don Quijote: “Yo no tengo más que estas alforjas llenas de un poco de queso y de pan y no sé cuántas nueces y avellanas”. De ahí estos anhelos.

 

 DESEOS

 

INÉS,

ahora que ya sé cómo llamarte

quisiera que tus ojos

reflejaran ese cielo

con su diáfano azul,

en sus ámbitos inmensos;

que tu boca riera

lozana y fresca

con nuestro feliz contento;

que seas niña

para amar al mundo

y colmada de razón.

Ruego al mundo

nunca te niegue esos derechos,

que el mundo venga ofrendado

en ese bello soñar primero…;

que tengas buena niñez,

¡oh mi agraciada niñita!

con inconciencias pueriles

y dulces juegos,

hasta ilusiones doradas

de ternura y de besos

con caricias parentales

y nunca pueriles miedos

siendo para tu alma

los más dulces

de todos esos consuelos.

Que tus ojos claros orienten

tu vida y sentimientos.

¡Benditos tus ojos claros

que ahora relucen cerrados,

por todos son contemplados

¡Oh, Inés!

desde tu cuna a los cielos.

 

¡Ojos claros, me alegraron;

ahora os bendigo y os quiero!

 

PRJP. N.º 35. Desde Garnacha y con mis mejores gozos Inés.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


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