lunes, 6 de abril de 2026 in

Soledad postvacacional

 


 

 

Estos días son el preludio de unas mañanas de oro, una explosión de luz que son, en realidad, un Pentecostés anticipado, pasados los días vacacionales de Pasión. Si hay lágrimas, son de puro gozo; si hay suspiros, son de satisfacción porque el olor a azahar ya está en la calle y porque las playas han dejado de estar de bote en bote. Ya despabila el frescor de las mañanas marmenorenses, que se agradece, más bello que quepa en el recuerdo. Hoy, lunes de Pascua, es el día de las manos infantiles extendidas, de las miradas que reclaman un caramelo elevado a agasajo elegante y de las monas con huevo, regalo de los padrinos y madrinas a sus ahijados, que, al mediodía, se convierten en el sustento sagrado que cada murciano custodia en el seno de su amor.

Y aquí, en el parque frente a Garnacha, a dos palmos de la nariz, ya comienzo a percibir el aroma de las flores al mismo tiempo que las copas de los plataneros, que ya han perdido el amarillo del invierno,  y las crías de los pájaros aprenden a piar al caer de la tarde. Intuyo que cuando las manecillas avisan para poner a piar a los vencejos, el reloj de Garnacha marcará el momento preciso en el que el atardecer dorado en la bahía del Mar Menor, igual que el tono cenizo de sus playas, ahora ya semi vacías, se convierten en una paleta de colores que pinta el cielo que flota sobre el parque, antesala de la bahía. Las horas avanzan de manera pausada sin el ritmo de los días precedentes. Ahora cada minuto dura como dos. Cuando llega la hora del fin y hay que irse al afán de cada día Garnacha aguanta el minutero. El reloj parado en los siglos es este que cada día a partir de ahora me da la hora que sueño en las estancias de la casa, aquí en el Mar Menor, cuando ya atardezca y el silencio llega desde el mar. Vale.

 

Soledad postvacacional

 

Nada es igual

cuando el silencio llega

desde la mar.

Nada es igual.

Solamente es el mar,

sus luces escondidas,

su quietud y su sal,

solamente la espuma

y de nuevo la mar

con sus sordos silencios

y su soledad.

 

PRJP. N.º 30. En Garnacha el día posterior al domingo de la Pascua de Resurrección.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 30 de marzo de 2026 in

Domingo de ramos ¡Vamos…!

 



Domingo de ramos

¡Vamos…!

 

“Las procesiones en Murcia

son dignas de admiración

porque te dan caramelos

de fresa, menta y limón”. (Popular en un envoltorio de caramelo)

 

El Domingo de Ramos, que celebramos ayer, fue una capa al viento en la avenida de cuando era niño. Una varita que convirtió el dolor en caramelo en el color azul de Garnacha. Fue el brillo de la vida reflejado en los zapatos. El estreno que aguarda mi memoria y salva mis manos. El traje y la puntada. Un globo que huye a lo divino y un suspiro que lo persigue. El sol que modela la canastilla de mi pasión y la banda abriéndose paso en el mar de almas que lo esperaba.

El Domingo de Ramos fue siempre para mí el primer “Taramosco” en la esquina de mi conciencia, al que no pude mantener la mirada. Fue el Dios que anda por las ramas de un olivo, por la palma de mi alma, por la luz de mi camino y por el pórtico de mi iglesia.

El Domingo de Ramos transcurrió como una rozadura en la memoria, de besos que se fueron. La fuerza que perdura de mi primer cirineo. Un olor a colonia de aquel limonero. Un golpe de campana en honor a los muertos. Un tambor que redobla al fondo de mi pecho.

El Domingo de Ramos es la vida que pasa y la que llega. La vivencia que se queda. Es la mano que te falta y la que ofreces, y esa cruz que las esperas. Un sueño en la procesión. El sí de la madre. La mañana que se explaya, la tarde-noche que refresca. La sombra que araña el olor a incienso de recogida. La Gracia que da vida. La pena que se estrecha. La espera que termina. Vale.

Domingo de ramos
¡Vamos…!

Transcurrió la mañana,

era de Doménica,

entre ramitas de olivo

y muchas palmas,

algunas pequeñas,

otras blancas,

trenzadas e historiadas,

que los chiquillos movían

como si fueran banderitas

de palmera ilicitana.

Cuanto campo dentro,

cuanta sencillez rural y campesina:

un borriquillo,

unas ramas de palmera

y unas ramas de olivo.

Por ahí, campo mío,

qué sagrado eres,

qué bíblico,

qué divino

Domingo de ramos
¡Vamos…!

 

PRJP. N.º 29. Domingo de Ramos en Garnacha y contemplando la mano de una niña pedir un caramelo

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.



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