DULZOR INÉDITO
Aquí se vive muy despacio, tan despacio que el tiempo huye al amanecer. (PRJP)
Escribo hoy estos simples trazos de tinta caliente sentado en los adentros y en los afuera de La Fuensantica de Pedro donde existe un restaurador-tabernero, el afable y gran Víctor que, en ocasiones, comienza pegado a unos fogones y acaba detrás de un mostrador caligrafiando las cuentas en las servilletas de papel para alegrar y complacer a los clientes. Es todo un sicólogo de barra que intenta macerar el trabajo con la devoción. Y allí andan Pedro y Víctor; Víctor y Pedro y los clientes entre periódicos, música agradable, no todos los días y a todas horas, que se agradece y esa barra muestrario de croquetas, morcilla con pimientos piquillos, mini empanadillas, canapés de salmón, tintineos de las máquinas de juego, frituras sin grasa y esa helada cerveza a punto de ser servida en copa o jarra y hasta si me apuran en pinta inglesa, entre chacinas, perfectamente adobadas y palabras llenas de aromas a campo, huerta y salitre marmenorense y esos sabores, perfectamente aderezados y deliciosamente majaos.
Esta mañana me he dado cuenta, y mira que llevo décadas ocioso por esta querida tierra, que aquí se vive muy despacio, tan despacio que el tiempo huye al amanecer. Y que al sentarme a leer los periódicos he sido consciente que quien se desentiende de la prensa se desentiende de la vida. Y hasta he llegado a comprender a Pepe, personaje con algún achaque, cómo los que todos arrastramos, con esas preocupaciones propias del jubilado y de que hay muchos versos que riman con vida, alegría y libertad; de que existen, a la orilla del Mar Menor, taberneros y poetas y gente corriente y filósofos... que pegan pequeñas sentencias sobre la vida, los pueblos y sus gentes en las páginas de sus ideas, en sus quehaceres diarios, y las cuelgan junto al cartelón que anuncia casquería de la buena. Son pensamientos, trasladados con una cuidada caligrafía a pizarras negras, son reflexiones dignas de alguien que puede ser considerado un millonario contemporáneo porque, como le he oído comentar esta mañana, “viven para lo que les emociona”.
Y al salir de La Fuensantica Pedro, después del desayuno y la charleta, me he tropezado con dos palmeras solitarias y unas abejas zumbando alrededor de la flor de la uva datilera y, al no tener almendros físicos y delante a los que cantar, me he acordado de aquellos dulzores inéditos de los de mi pueblo, ¡oh, Grávalos¡ que los veo por estas fechas en todo su esplendor. Vale
¡Cómo
zumban las abejas
sobre la flor del almendro!
Pululan,
bajo el sol de la mañana,
buscando
mieles a marzo.
Zumban...
Zumban...
Su
zumbido hace más hondo el silencio,
y
hace más pura la flor
¡y
más libre! del almendro.
Apenas
se ve su vuelo
-zumban...,
zumban...- confundidas
con la luz alba en el viento.
Son
de miel y son de oro
sobre
la flor del almendro,
y
son de música alzada
y de corazón sediento.
Zumban...
Zumban...
¡Cómo
zumban buscando dulzor inédito!
PRJP.
N.º 24. Escuchando, desde La Fuensantica de Pedroun, bar con encanto, el zumbido de las abejas.
Fotografías y texto de La Medusa Paca. Copyright ©.





