lunes, 11 de mayo de 2026 in

Flores de Mayo

 


 



Flores de Mayo

 

“Intuyo el gris desatado de sus raíces
ahora que el calor huele a lluvia
y a naranjos abiertos la mañana
tarde se descubre mayo
pues hoza el día en los caminos
buscando los restos del hombre
que prendiera sombra
en su mirada.” (José Manuel Ramón)

Hace unos años, Julio Caro Baroja, humanista donde los hubiera, se lamentaba de la desaparición del “ejercicio de las Flores de Mayo”, tan bello y popular antaño, en casi todas las partes de España. Me he puesto a mirar por La Rioja en el hogaño del mayo de 2026 y he visto que sólo en unos pocos colegios de la capital y provincia y alguna parroquia diseminada por algún pueblo a medio vaciar y en alguna romería suelta se mantiene la costumbre. “De nuevo aquí nos tienes, / purísima doncella, / más que la luna bella, / postrados a tus pies”. En mi pueblo las chicas de primera comunión, con sus vestiditos blancos, levantaban los ramos de flores hacia la imagen de la Inmaculada, cuando llegaba el estribillo: “Venid y vamos todos / con flores a porfía, / con flores a María, / que Madre nuestra es”. Bellas y entrañables formas de devoción religioso-cultural, vigentes durante siglos, van desapareciendo, si no han desaparecido ya, de nuestra vida pública y privada. Para limitarme a las formas de devoción mariana: las tres avemarías, el ángelus, las novenas, algunas fiestas de la Virgen, las procesiones, el mes del rosario, el mes de María, las “flores de mayo” … Resiste mejor el rosario y siguen muy vivas algunas romerías, especialmente en este mes. Pero casi nunca hay devociones que reemplacen, acomoden o renueven a las decaídas o decadentes. La tradición de las “flores” viene de lejos. Ya Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (primera mitad del XIV) cantaba: “Quiero seguir /a ti, flor de las flores, / siempre dezir / cantar de tus loores; / non me partir / de te servir / mejor de las mejores”.



Mayo

 Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

Es el miedo un vértigo exquisito

ante el altar purísimo de mayo
que huele a madreselvas y alhelíes.
Es un mantel de almidonado hilo
con ángeles tañendo entre vainicas.

 Como agua de mayo,

llueve mañana y tarde,

y sin desmayo.

  PRJP. N.º 74 Cuando mayo se desliza por Garnacha.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


viernes, 1 de mayo de 2026 in

CRISTO Y SU CRUZ A CUESTAS




 



 



 

CRISTO Y SU CRUZ A CUESTAS

 

“La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.” (Antonio Gala)

 

Es mayo y en su día primero, en Grávalos, es la fiesta del color, de la alegría, del tiempo sin horas y de los pequeños gestos. Es la fiesta del Cristo y de la bajada del Humilladero. No es fácil de entender, ni tampoco de explicar. Es lo que es y punto. 

Desde pequeño aprendí a contar las primaveras a través del Humilladero, del 22 de abril y el día del Cristo en el primer día de mayo. Los dos días definen a la perfección, sin necesidad de apelar a grandes ripios ni metáforas, la belleza de un pueblo que entre abril y mayo se viste de gala para mostrar su cara más acogedora y jovial. El 22 de abril y el primero de mayo, entre la novena del Humilladero y el Cristo Grávalos es clavadito en toda su esencia a ese espejo que nos muestra las bondades de su carácter y las carencias que lo hacen único. Es la fiesta de los primeros amigos y de los primeros besos, del fleco del traje que se lía en el botón de la chaqueta al portar a la Virgen o al Cristo, de esa mirada cómplice apoyado en la reja de la ermita, de esas dos sillas que unían los padres para que durmiéramos el sueño de las noches eternas, de esa calle del Cantón, de los suspiros, rezos y plegarias, del amor y la nostalgia. Por eso, Grávalos es de otra manera. ¡Gracias a Dios y a su bendita Madre!

Vengo a contaros Cofrades algo que me han dicho entre el incienso que trepa por los almendros floridos, cuando perfuman altaneros el “Puerto” y más arriba, en el “Cantón”, entre el aroma de lirios, mientras la candelería enciende mil suspiros, cuando alguien aprendía el oficio de saber llevar un trono con el corazón prendido. Esto me lo musitó, quizá apenas fue un susurro, los sonidos de la banda de música meciéndose con olor a incienso puro y cera de velamen. Esta celebración, convertida desde años en una celebración de las más importantes de Grávalos, es un testimonio vivo de la fe de un pueblo que, generación tras generación, transmite la devoción al Santísimo Cristo de la Cruz a Cuestas y de Nuestra Señora del Humilladero.

Crujen los trabadores bajo el peso de la devoción mientras Grávalos y su feligresía se vuelve un pañuelo de suspiros mientras una marea de sentimientos se derraman por las esquinas cuando el paso del Santo Cristo y su Madre Humilladero parece querer rozar el cielo con la yema de los dedos que abrazan la Cruz. Es el momento en que el tiempo se detiene y la madera y la piedra se hacen carne en las imágenes, cuando el silencio solo lo rompe el roce de zapatos sobre el viejo empedrado y el murmullo de una urbe, que se reconoce en sus imágenes sintiendo que cada esquina, es un latido compartido de su propia historia. Así, entre el revoloteo nervioso de los vencejos y las recién llegadas golondrinas en los aleros, se muestra y expone el respeto de cientos de gravaleños y se presume con orgullo por qué es una de las procesiones más serias, ordenadas, perfectas y costumbrista de la tradición gravaleña.

Al final de la mañana, cuando el silencio se adueñe y se mezcle con los cantos y sones de la banda de música y las luces de los cirios se rindan ante el sol del mayo gravaleño, quedará el eco de una devoción que no entiende de calendarios. Es el misterio de un pueblo que se hace templo y de una madera que, tras años de historia, sigue acunando los lamentos y esperanzas de todo este nuestro pueblo. En ese caminar lento y perfecto de hombres y mujeres y jóvenes y niños bien vestidos Grávalos, no solo ve pasar una procesión sino que se reencuentra con su propia esencia, renovando cada Primero de Mayo ese pacto invisible de fe que mantiene viva su memoria más sagrada. Y así va pasando la mañana. Y así este cronista lo canta. Y así escuché decirme en su gran solemne entrada, otra vez lejano, sólo por kilómetros, tras celebrar el encuentro, ¡Grávalos cómo vibraba!, cuando volví a pediros que a su antiguo templo entrara. Vale.


AL CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS

 

Cristo de “morao” de terciopelo.

Cristo que eres vecino

aunque te lleven a cuestas

por las cuestas de mi pueblo.

Cristo que abrasas balcones

de aplausos y de ilusión.

Cristo que convocas gentes

de cualquier generación.

Cristo de muerte acallada

y de tan gravaleño son.

Repiquetean campanas

meciendo tu resplandor.

Músicas que anuncian al viento

toques de pena y candor.

Cristo de café con leche

y vermut sin relumbrón.

Cristo de pendón antiguo

y cercano callejón

donde tus fieles te aclaman

con blasfemias de aflicción.

Cristo que al pasearte por Grávalos

apaciguas su desazón.

hoy no te portan taramoscos

con túnicas de “morao” inspiración.

Mira cómo vibran tus cofrades

de vivas y de extenuación,

de sollozos a puñados,

rebosando de esplendor.

Mira, al fin, Cristo sublime

que paralizas el pueblo

que musita una oración.

Se apagaron los lamentos

y la cera se apagó.

Concluyeron las cantatas,

culminó la procesión

y los desfiles ahogaron

su triste desolación.

 

PRJP. N.º 34. Desde Garnacha en recuerdo a todos los cofrades que fueron, son y serán.


Texto de La Medusa Paca fotografías la Medusa Paca y cedidas por Jesús María Jiménez y Raúl Fraile. Copyright ©. 



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