lunes, 13 de abril de 2026 in

ABRIL EN MURCIA

 



 ABRIL EN MURCIA

 

Y tú de las Hespérides antiguas

vergel siempre florido,

coronado de eterna primavera,

feliz recuerdo del Edén perdido;

tú que en la rica jalda

de preciada esmeralda

ostentas en las ramas orgullosas

las bellas pomas de oro deliciosas…(Larra)

 

Estoy en Murcia y he logrado estos días pasear por sus calles logrando convertir mis silencios en algarabía y mis algarabías en silencio. Hoy he hecho lo mismo que hice en mi primera primavera de estancia en esta querida tierra allá por el año 1961. Entonces Murcia me gustó y hoy me encanta y más cuando recuerdo, leyéndolo, a Jorge Guillén: “Murcia me gusta. Ciudad clara de colores calientes, de piedras tostadas, color de cacahuete tostado. Y notas deliciosas de luz, las calles estrechas y sin aceras, las “veredicas del cielo”, las tiendas de los artesanos, el esparto y la cuerda. Y ahora en el crepúsculo, una luz maravillosa”.

Murcia tiene elementos, y más en primavera, que le dan un encanto muy visible: dulzura en su clima, claridad en el aire y en los muros, y caserones antiguos, en tonos calientes, sepias, ocres, canelas, según las horas, y los benditos olores de azahar y de jazmín. Plazas apacibles, silenciosas. Hay palmeras, magnolios, grandes árboles. Hay jardincillos y está el Malecón, y la Contraparada y acequias con sabor andalusí y norias y palmerales y naranjos amargos en sus alcorques. Hay paseos y la huerta, hoy ya menguada, cos sus naranjos, limoneros, jinjoleros y verdes moreras y muy cerca montes cercanos de verdes pinares con el santuario de La Fuensantica. Y en medio, la torre campanario de la catedral, como un vigía, con sus ojos, de hito en hito, mirando está y la Catedral con su imafronte, recién restaurado, que ahora estoy viendo, ornado, gracioso, entre la ligereza y la robustez y de un color admirable.

Y en aquellos años de los sesenta, hoy ya no, había por sus calles tartanas, aldeanos huertanos vestidos con blusas negras o grises. Y a la sombra de sus calles, junto aquellas que llaman de Platería y Trapería, tiendas, cafés y el gran casino. Y señores en perpetua tertulia sentados en sillas de enea o de esparto. Y la gente afable y acogedora. “¡Horizonte! Siempre, siempre horizonte. ¡Qué plenitud de cielo! ¡Qué redondez de tierra!” Y claridad, serenidad y equilibrio que transmiten reflejos directos de la luz, colorido del abril primaveral murciano. Vale.

 


ABRIL EN PRIMAVERA

 

La primavera en Murcia

es el canto árabe de las fuentes,

recuerdos de remotas acequias

y patios de paredes encaladas,

geranios que flanquean surtidores

de aguas inquietas

donde reverbera el rosado pálido,

de ramilletes de clavellinas huertanas,

que adornan las fachadas.

 

La primavera en Murcia

es estación adelantada,

lugar donde su reposo se despereza

entre limoneros de hojas que negrean,

desvirgando el azahar.

 

La primavera en Murcia

brota con aromas de plantas,

simple adornos de bancales y alcorques:

 alhelíes y rosas, dalias y clavelones,

jazmines y albahacas,

jacintos y varitas de San José,

 retablo improvisado

con sabor a marinera y caña sudorosa

evocando bordados de jungla y sus refajos.

 

La primavera en Murcia

es echarle el alboroque al invierno

en la mota del rio

o cañares altivos

junto al mar.

 

PRJP. N.º. 31, Paseando por las calles de Murcia un día de abril recordando mi juventud



Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


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