ABRIL EN MURCIA
Y tú de las
Hespérides antiguas
vergel siempre
florido,
coronado de eterna
primavera,
feliz recuerdo del
Edén perdido;
tú que en la rica
jalda
de preciada esmeralda
ostentas en las ramas
orgullosas
las bellas pomas de
oro deliciosas…(Larra)
Estoy
en Murcia y he logrado estos días pasear por sus calles logrando convertir mis
silencios en algarabía y mis algarabías en silencio. Hoy he hecho lo mismo que
hice en mi primera primavera de estancia en esta querida tierra allá por el año
1961. Entonces Murcia me gustó y hoy me encanta y más cuando recuerdo,
leyéndolo, a Jorge Guillén: “Murcia me gusta. Ciudad clara de colores
calientes, de piedras tostadas, color de cacahuete tostado. Y notas deliciosas
de luz, las calles estrechas y sin aceras, las “veredicas del cielo”, las
tiendas de los artesanos, el esparto y la cuerda. Y ahora en el crepúsculo, una
luz maravillosa”.
Murcia tiene elementos, y más en primavera, que le dan un encanto muy visible: dulzura en su clima, claridad en el aire y en los muros, y caserones antiguos, en tonos calientes, sepias, ocres, canelas, según las horas, y los benditos olores de azahar y de jazmín. Plazas apacibles, silenciosas. Hay palmeras, magnolios, grandes árboles. Hay jardincillos y está el Malecón, y la Contraparada y acequias con sabor andalusí y norias y palmerales y naranjos amargos en sus alcorques. Hay paseos y la huerta, hoy ya menguada, cos sus naranjos, limoneros, jinjoleros y verdes moreras y muy cerca montes cercanos de verdes pinares con el santuario de La Fuensantica. Y en medio, la torre campanario de la catedral, como un vigía, con sus ojos, de hito en hito, mirando está y la Catedral con su imafronte, recién restaurado, que ahora estoy viendo, ornado, gracioso, entre la ligereza y la robustez y de un color admirable.
Y en aquellos años de los sesenta, hoy ya no, había por sus calles tartanas, aldeanos huertanos vestidos con blusas negras o grises. Y a la sombra de sus calles, junto aquellas que llaman de Platería y Trapería, tiendas, cafés y el gran casino. Y señores en perpetua tertulia sentados en sillas de enea o de esparto. Y la gente afable y acogedora. “¡Horizonte! Siempre, siempre horizonte. ¡Qué plenitud de cielo! ¡Qué redondez de tierra!” Y claridad, serenidad y equilibrio que transmiten reflejos directos de la luz, colorido del abril primaveral murciano. Vale.
ABRIL EN PRIMAVERA
La primavera en Murcia
es el canto árabe de las fuentes,
recuerdos de remotas acequias
y patios de paredes encaladas,
geranios que flanquean surtidores
de aguas inquietas
donde reverbera el rosado pálido,
de ramilletes de clavellinas huertanas,
que adornan las fachadas.
La primavera en Murcia
es estación adelantada,
lugar donde su reposo se despereza
entre limoneros de hojas que negrean,
desvirgando el azahar.
La primavera en Murcia
brota con aromas de plantas,
simple adornos de bancales y alcorques:
alhelíes y rosas, dalias y clavelones,
jazmines y albahacas,
jacintos y varitas de San José,
retablo improvisado
con sabor a marinera y caña sudorosa
evocando bordados de jungla y sus refajos.
La primavera en Murcia
es echarle el alboroque al invierno
en la mota del rio
o cañares altivos
junto al mar.
Texto
y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.



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