Este es el momento
de creer que el
otoño
sólo trae belleza.
(PRJP)
Hace unos días pasaron
en vuelo rasante sobre los tejados del Mar Menor los aviones de combate que el
pasado 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, participaron en el desfile de
las Fuerzas Armadas. Los aviones produjeron un sonido atronador, como si el
cielo se descerrajara. En cuanto estos aparatos se alejaron volvió el silencio
a Garnacha y entonces se oyeron las tijeras del jardinero trasquilando la
hiedra. Los aviones dejaron en el espacio tres estelas de humo con los colores
de la bandera nacional. Poco después los aviones regresaron para dar otra
pasada y su estruendo fue creciendo a medida que se acercaban hasta que el Mar
Menor quedó de nuevo sumergido bajo un sonido espantoso y cuando los aviones se
alejaron, entonces, en el silencio, sonó la voz del chatarrero, quien desde la
furgoneta con un megáfono, decía comprar colchones y toda clase de hierro viejo.
Los aviones ya sólo volvieron volando con destino a sus hangares. Unos minutos
después la urbanización volvió a quedar en silencio y esta vez, junto con los
ladridos del perro, oí una canción infantil que salía de un jardín de infancia.
“Un elefante se balanceaba sobre una tela de araña”, cantaban a coro
los niños. Ahora gracias a que todo el armamento aéreo se había alejado
definitivamente por el cielo a otra parte pude oír el timbre de la puerta. Era
el chico de El Solar que traía la compra que mi señora había
encargado muy de mañana al volver del paseo mientras volaban los aviones de
combate. Llegó con la bolsa llena de frutas y verduras, aceite, agua, pan
integral y otras viandas. El chico es murciano e hijo del dueño del local y se
llama Emilio igual que su padre.
Aquí quedo dando,
como canta Blas de Otero: “Gracias doy a la vida por haberme nacido. / Gracias
doy a la vida porque vi los árboles, y los ríos y el mar…” Vale.
Saladares
Lugar
con vocación de oasis
palmeras
que se alzan señoriales
tatuando
paisajes de murmullo hipnótico,
rincones
donde el tiempo se detiene
entre
sombras verdes,
reflejos dorados
y
el rumor sereno del agua
que
acompañan cada paso
hospedando
fauna y flora;
flamencos tiñendo horizontes de rosa,
garzas y especies en peligro de extinción,
como
la cerceta pardilla
o
la malvasía cabeciblanca,
encontrando
refugio
en
estos humedales
en
el que se entremezclan
en
los salobrales
dunas,
juncal y pinares.
PRJP. N.º 119 Por
las salinas marmenorenses en el veroño de 2026.
Texto
y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.
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