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lunes, 16 de febrero de 2026 in

.Ya es primavera

 




Pega el mistral en los cristales de los ventanales del porche de Garnacha. Trae mucho viento y un menudo aguacero. Escribo mientras Oriana, la penúltima borrasca en bajarse del tren, anega España. Antes pasaron y las hemos padecido: Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Marta, Nils y Leonardo, que vino en tromba con su descarga violenta. Me dicen los que ya tienen una edad que nunca llovió así en los campos españoles. No al menos en la memoria reciente, ni en la memoria antigua de los campos. Durante días y noches las regiones han sido atravesadas por estos interminables convoyes borrascosos, ríos atmosféricos que han volcado sobre la tierra toda el agua que ya no podía absorber. Los ríos desbordados han roto costuras de marismas y llanuras; los pantanos entregan su exceso a una geografía incapaz de asumirlo; carreteras cortadas, fincas aisladas, pueblos vaciados. Miles de personas fueron evacuadas de sus casas mientras la lluvia ensombrecía. Siempre que llueve escampa y de aquí en adelante, ya veremos; y el ya veremos es ya veremos, comenzará a calentar el sol porque ya es primavera, aunque el agua brote del suelo. Vale.

Ya es primavera

 

Mira mi niña, la albahaca en tu ventana,

cómo aroma su flor, cómo el jilguero

desgrana melodías en el alero

de este ornado mirador de la mañana.

 

Mira el campo, su luz, la flor que grana

del almendro temprano en el otero,

mira mamá sus troncos

 en la besana.

bronce certero

clavado como un yunque

No es fácil si te digo que andaría

por esta tierra sin rozar el suelo,

Aquí crecí, viví y hasta podría

morirme en paz y sin mirar al cielo.

 

PRJP. N.º 13. Desde Garnacha y cuando un tren de borrascas amenazó a la España vaciada y a la habitada.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 9 de febrero de 2026 in

Recordando los pasillos, mientras llueve fuera

 


 



 Recordando los pasillos, mientras llueve fuera

Y llegó al fin, como una mies madura,

a inclinarse mi ser, y quiero tenga

nidos mi cimentada arquitectura.

Dejando un rastro malva en el rocío…,

morir como una flor en el crepúsculo,

sintiendo que el barranco se hizo río.

Hoy estoy sintiendo a mi alrededor aquello que me empodera y me conduce a dar sentido a la vida. Voy remontando el río de la memoria desde aquellos gratificantes años y hasta me adentro en aquellas aulas de aprendizaje y educación donde humeaban los cuadernos y libros, plumas y lapiceros, surgía el aprendizaje en la resolución de problemas, las amistades, el soñar con objetivos y los grandes esfuerzos que todos teníamos que hacer para ir superando los cursos, que los profesores, no lo dudéis, cocinábamos con tanto amor.

Os recuerdo, queridos alumnos, a esa edad en que vuestros padres ya no os entendían; en esos años en que vuestro hermano pequeño seguía de rodillas; en esos tiempos de pestillos cerrados y venas abiertas, siempre os quedaba la isla, esa isla abierta, que era el instituto.

Sucedió hace mucho, ¿lo recordáis? Como un brotar en una mañana lluviosa de los muchos febreros que fueron pasando. En vez de una cuenta en Instagram, teníais una carpeta forrada de fotografías. En vez de un muro de Facebook había una tapia, la que daba al pabellón, donde poníais de todo.

No había WhatsApp y aun así mandabais mensajes. Os llegaban en papeles doblados y furtivos. Como un sobre sorpresa del Monopoly contra el tedio de los quebrados. “Luis está por ti”. Y eso sí que era una sorpresa: porque vosotros dejabais de ser chicos.

La clase era un autobús con los asientos alineados desordenadamente, una excursión que duraba nueve meses, treinta y tantos sacos de hormonas desatadas. Se pasaba una lista que te sabías de memoria y que todavía recuerdas. Concepción Mardones, Marta Echevarría, Jesús Arruego, Antonio Escrich, Estela Chocarro, Mariano Sánchez... Y si te apellidabas Vilchez rogabas a Dios que empezasen a preguntar por orden alfabético.

Si querías ligar tenías que dar la cara, salir de la cueva. Se pedía amistad en persona. Y los “me gusta” se decían a 40 centímetros del otro. Si te había salido un grano descomunal en la frente el día de marras, no había Photoshop ni hostias en vinagre que te lo fuera a borrar. No tenías Tinder, pero habías crecido con verdad, atrevimiento o beso.

Sólo había que elegir entre ciencias y letras, Ética o Religión, Latín o Griego. Y si eras de la ribera baja del Ebro, pegando a Calahorra, hasta que os separasteis, marcabais tendencia en vuestras expresiones y hasta en las formas de vestir.

Al matón, que existía, lo perdíais de vista cuando sonaba el timbre porque entonces no podía perseguiros por el móvil. Todos salíais pitando, con alma que lleva el diablo o chutando con una pelota, siempre con una pelota. Porque vuestros deseos eran redondos.

Nos vituperábamos a secas, sin anglicismos y en español. Los virus eran menos virales: no recuerdo ni un sólo catarro como los de ahora. Las cosas se llamaban por su nombre. La nube era una nube. Un trol era el ser antropomorfo que salía en David el Gnomo. Si algo os gustaba ibais a por ello y no hacíais clic. Y la calle era una pantalla de Arcade que nunca te pasabas.

No os gustaban los finales. Los exámenes terminaban todos igual: “cinco minutos y recojo”.

Luego recogimos. Luego nos separamos. Luego crecisteis. Luego vinieron otros chicos. Y ahí sigue aquella isla llena de tesoros, lianas y animales salvajes que era el instituto, vuestro, nuestro Instituto, “el Pablo Sarasate”. Vale.

 

Mi voz quede en la nieve y la perfore

en busca de otro prado y otras aves,

para que un trino celeste la enamore.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


domingo, 1 de febrero de 2026 in

Cumpleaños

 


Diagrama

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Después del día tan maravilloso que disfruté ayer observo que el primer amanecer de este primer día de febrero está siendo frio y lluvioso, como toca en este invierno tan particular. Poco después de las ocho el día se ha ido iluminando como mi ánimo. Un fulgor rojo incendió el horizonte. Y luego el sol fue apareciendo para llenar la atmósfera de una luz transparente. Sólo algunas nubes difuminaban el intenso color azul del cielo. Y aquí, junto al fuego, me he puesto a escuchar a Juan Sebastián Bach. Y no me da vergüenza decir que me emociono al escuchar el Preludio y Fuga BWV 546 para órgano. Sus notas hoy me transportan a esos años de mi incipiente juventud, a las mañanas de la capilla central de la Catedral de Murcia, allá por los años sesenta y a los inviernos de hace más de medio siglo.

Acabo de levantarme y contemplo la lluvia de invierno sobre la esfera de la tierra, los tejados de una casa y su huerta, la ventana, la terraza y una palmera cimbreando por el viento, un hombre por la calle dirección a comprar el pan, su vaporosa respiración y un poco de calor en su conciencia. En el centro de la casa, de nuestra casa está encendida la llama de una vela. Hace tiempo, cuando yo me lo tomaba todo a la tremenda, escogí entre la casa o el camino. O una vida o la otra. Ahora puedo decir que para llegar a la casa necesitaba el camino. Al menos, esa ha sido mi experiencia. Y ¿qué marcó la nube allá en lo alto? ¿La casa o el camino? Los dos. Vale.

PD. Me envejecen los demás cuando veo a alguien después de muchos años y pienso, este abuelete cebolleta soy yo. Por eso los espejos son mi gran aliado. Por ejemplo, Marlene Dietrich, en la vejez, mandó cubrir todos los espejos de su casa de Paris. Claro, me imagino que no saldría de casa.

 


Cumpleaños

Hoy no me desisto,
ni me desengaño.
Los ochenta rondan
en mi calendario.
Día de recuerdos,
día de presagios,
día de balances:
perjuicios y daños,
y de beneficios
tamaños
de una larga vida
de un regalo largo.

Setentón fenezco,
ochenteno avanzo,
más cerca de Dios,
siempre muy cercano.
“Hasta que Dios quiera,
decían antaño”.
Pero Dios dejó a las leyes
el destino exacto.

Hasta que las leyes
decidan, yo sigo

y me callo.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


martes, 27 de enero de 2026 in

SOLO AMANECERÁ SI VUELVES

 



 Sólo amanecerá si vuelves.

Todo es noche tras tu ida,

es otra vez el principio

y el verbo es un participio

que conjuga la agonía

de tu hermosa anomalía.

Después de tantos años que marchaste, hoy, como todos los años, regreso andando a solas por mí mismo, buscando atajos en mi conciencia junto a ti. A estas alturas del tiempo ruego que se quite el reloj porque aquí termino mi deambular y a partir de ahora ya no sé medir. Sé simplemente esperar. Que todos mis recuerdos se quiebran en un llanto redentor cuando se acercan estas fechas, cuando se alejan y me dejan sólo conmigo mismo esperando otra vez que el círculo del tiempo me vuelva a poner la esperanza de cara. Y, ante esta esperanza, el tiempo vuela con la misma certeza con la que después de ti yo esperaré de nuevo. Por eso, madre, voy detrás de tu ida gimiendo a voces… porque después de ti el tiempo duerme.

 

SOLO AMANECERÁ SI VUELVES

 

Yo no sé a dónde van

mis pensamientos
ni de dónde vienen,
sólo sé que pasan por mi mente.

¿Será que no me escuchan?
¿Será que no comprenden?

 ¿Quién soy yo? te pregunté

y ya nunca contestaste,

apenas conservabas el lenguaje,

estabas, casi al tiempo, adormilada.

No me pidas que recuerde,

ni intentes hacerme entender,

es que sigo en mi mundo

entre mi ser y no ser.

Buscaba una forma de quererte
que me llevara hasta ahí.

Todo era un laberinto
y no encontraba salida.

Un buen día al preguntarte

¿quién soy yo?,

tú me respondiste:

“no lo sé,

pero te quiero”.

 Sólo amanecerá si vuelves.

Todo es noche tras tu ida,

es otra vez el principio

y el verbo es un participio

que conjuga la agonía

de tu hermosa anomalía.

 

PRJP. N.º 3. Aquí, todavía en la FELICITAS del Mar Menor, después de tantos años que marchaste.

 

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 19 de enero de 2026 in

La primera flor de almendro

 


 

 



La primera flor de almendro

 

¡De pronto hoy me ha sorprendido

este almendro florecido!

¿Quién lo puso en mi camino,

heraldo de alto destino?

¿Quién lo cubrió con un tul

de radiante e inmensa luz?

¡De nuevo me ha sorprendido

el almendro florecido!

¡De nuevo, dando a mi paso

dimensión de eterno abrazo! (PRJP)

Es el primero. O al menos lo viene siendo desde que el camino hacia las salinas de san Pedro forma parte de la rutina diaria de quien relata. Pelado, leñoso, de ramas que de enjutas aparentan muertas; se antojaba difunto de agostado y puro mustio y reseco. Parece mentira que la savia aún corra por sus xilemas y sus floemas, que son los vasos sanguíneos del sistema circulatorio arbóreo. Y un imposible que semejante leño haya podido parir una flor, la primera flor de almendro que, este año de 2026, me sale al encuentro para saludarme y recordar que todavía está vivo, tanto que aún le quedan frutos del pasado año.

El caso es que llevaba alguna semana avisando. Esas yemas apretadas habían empezado a blanquear. Reventonas, anunciaban que querían romper a flor, asomarse al mundo sin saber el frío que hace aquí fuera. Una insensatez vegetal como otra cualquiera. A quién se le ocurre.

Pero bienvenida sea, en cualquier caso, la primera flor, mi primera flor de almendro de la temporada. Aquí al lado, donde los caminos del Mojón y las playas alicantinas del Pilar de la Horadada se cruzan entre naranjales, limonares y algún almendro suelto, hacia las playas y urbanizaciones, justo donde se funden la Comunidad Murciana  y la Valenciana en su provincia de Alicante.

Conozco por un amigo del Campo de Cartagena que la agronomía es el conjunto de conocimientos aplicables al cultivo de la tierra y que contempla que, sólo cinco especies de almendro de las muchas y muy diferentes que se cultivan en España, tienen su momento de floración en la segunda quincena de enero. A saber: Desmayo, Largueta, Rammillete, Garrigues y Carreró. Claro que esa previsión la pinta para el sureste español, que es por donde hoy he paseado. Y, que yo sepa, la floración de los almendros en mi Grávalos natal no encaja aún en ese cuadrante. O sí, si tengo en cuenta ese cambio climático que, dicen, desajusta todos los relojes. Vale.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 12 de enero de 2026 in

Invierno y el petirrojo

 




Invierno y el petirrojo

“Caía, caía

la nieve pausada

cubriendo tejados,

cubriendo faroles

y calles y plazas.” (Miguel Hernández)

 

Estamos en la mitad de enero y es la segunda vez que la borrasca de aguanieve insinúa su tímida presencia en nuestras calles y techumbres. Es en una noche blanca donde una diminuta aguanieve cubre las palmeras con unas guedejas de tirabuzón que hacen que la luz tirite. Me gusta enero. Huele a fríos y a café de puchero y en sus amaneceres azules encuentro la energía del nuevo día donde suena la oportunidad de comenzar.

Cuando nadie canta, cuando todo calla, y hasta la nieve silencia la tierra y la pisada, aparece, animando al personal con rítmicas melodías, ese minúsculo petirrojo, el saltitos, el de pechuga alegre, como si el gélido temporal no fuera con él. Lo hace aquí desde enero y no dejará de hacerlo hasta junio.

Es un tiempo duro. ¿Y qué? Él, desde los pueblos altos, cuando el hielo le amenaza el corazón, sabe bajarse a jugar entre los desnudos naranjos, esperando el perfume del azahar. Pero no consiente que se le congele la garganta. Con la primera luz inicia el concierto matutino, en el que a veces se deja acompañar por el colirrojo tizón y por el mirlo. Por el día se dedica, que no es poco, a buscar comida, que en esta dura estación no es cosa menor y hay que aprovecharlo todo, si una araña, pues una araña, y si un insecto, pues insecto y pequeñas frutas de bayas y semillas. Y si hay un copo de avena, o una miga de la mano del hombre, pues a ello, y a eso, además de sus canoros, se dedica este símbolo de belleza, armonía y conexión con la naturaleza. Saltito a saltito, desafiando al frío, con su pecho de color naranja¸ intenso por delante y bravío, llega al atardecer, para desde su cobijo, seguir animando el día cantando hasta bien entrado el crepúsculo.

Es un pajarillo valiente y simpático el petirrojo. Y, sin pretensiones de tenor, resulta ser su canto uno de los más variados, pausados y placenteros que escucharse pueda. Pero ojo con él, si un congénere al oírlo no comprende de inmediato que el territorio ya tiene dueño, el petirrojo hincha el pecho y como si de una bandera de guerra se tratara se lanza al ataque. Es un pajarillo valiente este petirrojo. Es todo un vencedor del invierno. Vale.

 

Cuántas veces, de niño,

asistí a ese milagro

elemental, mágico

y primario

del agua regalada,

a su exacta frialdad,

a la pureza y humildad

de nieve y su algazara.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 5 de enero de 2026 in

Soñar la Nieve

 



“Las grosellas derraman granates en la nieve y los silencios más antiguos en humo y humildad se desvanecen.” (Memoria de la nieve; Julio Llamazares)

 Esta mañana me he despertado en Garnacha con la borrasca Francis aborrascando la morada después que, la noche pasada, el silencio de la nieve crepitara en algún lugar dentro de la oscuridad, en algún lugar dentro de esa aguanieve que sonaba como un pájaro golpeándose contra los cristales del porche de la vivienda donde todavía ardía la chimenea. Hace mucho frío, un frío de naturaleza afilada, cortante. Movido por el viento, un finísimo bisturí de humedad helada me marca la cara al despertarme con una filigrana.

Enero avanza, hasta san Antón Pascuas son, y en el hogar de Garnacha siempre es Navidad. También en mí. Y tal vez fuera, en el altiplano murciano y en las tierras moratalleras y caravaqueñas del noroeste, haya nevado, estén gélidos, como al borde de las playas marmenorenses, con algunas recias ventoleras, algún adorno, débiles lucecitas, algo de muérdago, algunas bayas rojas, incomibles, y un pájaro picoteándolas y apartando esa nieve que está cayendo en las alturas como pétalos de sus almendros. Aquí en las orillas marmenorenses es agua de nuevo.

Ante esta situación tan invernal sigo soñando con la llegada de sus majestades los Reyes Magos. No habrá impedimento para que lleguen a nuestras casas y zaguanes, el intenso frío no frenará las ilusiones de niños y mayores. Son Magos y vendrán con sus ofrendas y regalos. Y, por favor, en lugar de dejarles agua para los camellos, vienen calados hasta los huesos, dejémosles unas mantitas eléctricas para que les den calor. Vale.

 

Soñar la Nieve

 

Estoy soñando de noche
y veo caer la nieve,
esa aparición celeste,
deslumbrante,
como gnomos invernales

y pétalos almendrales.
Tan suave,
tan ligera y delicada,
tan tenue y tan agobiada.

¡Oh nieve!

 Hoy te arropé entre mis sueños,

mágicos y lueñes
al esperar y despertar

en esta noche de Reyes,

y en la única ventana

nieve, nieve, nieve.

Y muy cercana a Garnacha

aguanieve.

 

PRJP. N.º 140. Protegido en Garnacha de la borrasca Francis

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


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