lunes, 12 de enero de 2026 in

Invierno y el petirrojo

 




Invierno y el petirrojo

“Caía, caía

la nieve pausada

cubriendo tejados,

cubriendo faroles

y calles y plazas.” (Miguel Hernández)

 

Estamos en la mitad de enero y es la segunda vez que la borrasca de aguanieve insinúa su tímida presencia en nuestras calles y techumbres. Es en una noche blanca donde una diminuta aguanieve cubre las palmeras con unas guedejas de tirabuzón que hacen que la luz tirite. Me gusta enero. Huele a fríos y a café de puchero y en sus amaneceres azules encuentro la energía del nuevo día donde suena la oportunidad de comenzar.

Cuando nadie canta, cuando todo calla, y hasta la nieve silencia la tierra y la pisada, aparece, animando al personal con rítmicas melodías, ese minúsculo petirrojo, el saltitos, el de pechuga alegre, como si el gélido temporal no fuera con él. Lo hace aquí desde enero y no dejará de hacerlo hasta junio.

Es un tiempo duro. ¿Y qué? Él, desde los pueblos altos, cuando el hielo le amenaza el corazón, sabe bajarse a jugar entre los desnudos naranjos, esperando el perfume del azahar. Pero no consiente que se le congele la garganta. Con la primera luz inicia el concierto matutino, en el que a veces se deja acompañar por el colirrojo tizón y por el mirlo. Por el día se dedica, que no es poco, a buscar comida, que en esta dura estación no es cosa menor y hay que aprovecharlo todo, si una araña, pues una araña, y si un insecto, pues insecto y pequeñas frutas de bayas y semillas. Y si hay un copo de avena, o una miga de la mano del hombre, pues a ello, y a eso, además de sus canoros, se dedica este símbolo de belleza, armonía y conexión con la naturaleza. Saltito a saltito, desafiando al frío, con su pecho de color naranja¸ intenso por delante y bravío, llega al atardecer, para desde su cobijo, seguir animando el día cantando hasta bien entrado el crepúsculo.

Es un pajarillo valiente y simpático el petirrojo. Y, sin pretensiones de tenor, resulta ser su canto uno de los más variados, pausados y placenteros que escucharse pueda. Pero ojo con él, si un congénere al oírlo no comprende de inmediato que el territorio ya tiene dueño, el petirrojo hincha el pecho y como si de una bandera de guerra se tratara se lanza al ataque. Es un pajarillo valiente este petirrojo. Es todo un vencedor del invierno. Vale.

 

Cuántas veces, de niño,

asistí a ese milagro

elemental, mágico

y primario

del agua regalada,

a su exacta frialdad,

a la pureza y humildad

de nieve y su algazara.

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 5 de enero de 2026 in

Soñar la Nieve

 



“Las grosellas derraman granates en la nieve y los silencios más antiguos en humo y humildad se desvanecen.” (Memoria de la nieve; Julio Llamazares)

 Esta mañana me he despertado en Garnacha con la borrasca Francis aborrascando la morada después que, la noche pasada, el silencio de la nieve crepitara en algún lugar dentro de la oscuridad, en algún lugar dentro de esa aguanieve que sonaba como un pájaro golpeándose contra los cristales del porche de la vivienda donde todavía ardía la chimenea. Hace mucho frío, un frío de naturaleza afilada, cortante. Movido por el viento, un finísimo bisturí de humedad helada me marca la cara al despertarme con una filigrana.

Enero avanza, hasta san Antón Pascuas son, y en el hogar de Garnacha siempre es Navidad. También en mí. Y tal vez fuera, en el altiplano murciano y en las tierras moratalleras y caravaqueñas del noroeste, haya nevado, estén gélidos, como al borde de las playas marmenorenses, con algunas recias ventoleras, algún adorno, débiles lucecitas, algo de muérdago, algunas bayas rojas, incomibles, y un pájaro picoteándolas y apartando esa nieve que está cayendo en las alturas como pétalos de sus almendros. Aquí en las orillas marmenorenses es agua de nuevo.

Ante esta situación tan invernal sigo soñando con la llegada de sus majestades los Reyes Magos. No habrá impedimento para que lleguen a nuestras casas y zaguanes, el intenso frío no frenará las ilusiones de niños y mayores. Son Magos y vendrán con sus ofrendas y regalos. Y, por favor, en lugar de dejarles agua para los camellos, vienen calados hasta los huesos, dejémosles unas mantitas eléctricas para que les den calor. Vale.

 

Soñar la Nieve

 

Estoy soñando de noche
y veo caer la nieve,
esa aparición celeste,
deslumbrante,
como gnomos invernales

y pétalos almendrales.
Tan suave,
tan ligera y delicada,
tan tenue y tan agobiada.

¡Oh nieve!

 Hoy te arropé entre mis sueños,

mágicos y lueñes
al esperar y despertar

en esta noche de Reyes,

y en la única ventana

nieve, nieve, nieve.

Y muy cercana a Garnacha

aguanieve.

 

PRJP. N.º 140. Protegido en Garnacha de la borrasca Francis

Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


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