miércoles, 31 de diciembre de 2025 in

No es vieja la Nochevieja

 



No es vieja la Nochevieja

La ola lleva
los reflejos del sol:
tarde de invierno.

No acaba nada esta noche,
ni es vieja la Nochevieja.
No empieza nada de nuevo,
ni es nuevo el año que empieza.

La ola lleva
los reflejos del sol:
tarde de invierno. (PRJP)

Un amigo, que es a la vez tabernero, poeta y filósofo... que va pegando en las páginas de su vida sus ideas, pequeñas sentencias sobre la vida y la ciudad y que cuelga de las paredes de la taberna donde trabaja sus pensamientos y reflexiones dignas de alguien que puede ser considerado un millonario contemporáneo porque, como me dice, “vive para lo que le emociona”. Hoy, a la hora del aperitivo, me ha lanzado lo que sigue delante de una copa de verdejo acompañada de unas huevas de mújol y el aderezo de unas almendras marconas Hoy es el epílogo del prólogo de mañana, como cada año”. Y yo, especulando junto con él, y siendo enemigo jurado de los matasuegras, las uvas, los tubos lanzaconfeti y los brindis con champán barato, me he preguntado: ¿Noche vieja? Todas las noches son viejas, tan viejas como el mundo. O muy nuevas, novísimas, sin estrenar. Todo depende...

Ciertamente, amigo tabernero, ya hemos llegado al último día del año y esto nos conduce a pensar que el ciclo de vivir se desarrolla en consonancia con el ciclo de las frutas de temporada; con el tiempo de las mandarinas, naranjas y castañas; con el de las cerezas, fresas, melocotones, uvas, manzanas reineta, pasas, de los higos secos y de los orejones. Y de escarolas, cardo, berza y coliflor.

 La vida, amigo cantinero, consiste en atravesar la naturaleza con sus ríos, mares y montañas, con sus lluvias y vientos, nieves, tormentas, cielos azules, brisas placenteras, catástrofes, cataclismos y soles radiantes. Y al final el cuerpo caerá del árbol como una fruta madura sobre un lecho de hojas amarillas. Siempre he pensado, y te animo que tú también lo hagas, que ser joven consiste en hacerse preguntas; y ahora, que ya soy abuelo, medito en qué consiste ser anciano y llego a la conclusión que ser viejo consiste en creer que se tienen ya casi todas las respuestas. La edad no cuenta. Ya que el tiempo está en poder de los relojes y calendarios que nos señalan que va a empezar el año 2026. Para un joven será un año más; para un viejo será un año menos, pero la vida es como el acordeón que puede tocar la misma bella melodía cuando el fuelle se expande y cuando se contrae. Vale.


Texto y fotografías de La Medusa Paca. Copyright ©.


lunes, 22 de diciembre de 2025 in

Es Navidad

 



ES NAVIDAD

“Nacerá en un establo, zagala,
pastorcitos venid, adoremos.
Hoy venimos y luego volvemos
y mañana nos puede salvar.
Zagalillos del valle, venid,
pastorcitos del monte, llegad.
La esperanza de un dios prometido
ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.” (fray Vicente Martínez Colomer (1762-1820)

Os contaré hoy que la Navidad es para La Medusa Paca, además de una festividad, un estado de ánimo, un sueño hecho realidad, un cuento al más puro estilo “dickensiano” donde todo es algarabía por la inminente llegada de la verdadera luz que ilumina al mundo. Esa luz que nacerá nuevamente en una noche de paz hermosa y que vendrá a justificar la exaltación estética, visual y emocional que en estos días todo lo impregna. Vuelve la luz a la urbe agitando corazones en el momento más preciso, justo cuando el frío más le arrecia el alma. Pero si La Medusa hace caso a estos tres versos del genial malagueño Manuel Alcántara y que le suenan a homenaje a Bécquer: “Mis cuentas no están cabales: / me falta una golondrina / y me sobran tres cristales.” . La Navidad de hoy es otra cosa.

Abro la ventana de la casa y constato que ya se encendieron las luces de Navidad por todas partes. Me doy una vuelta por el pueblo y veo algunos adornos en comercios y en algunas casas particulares e instituciones. Muchas menos que, según me contó mi amigo Andrés, en Alsacia o en Alemania. Visten ya las ufanas calles del pueblo sus mejores galas, destellando brillantes y coloridas luces que, con su rico repertorio iconográfico, se convierten en todo un canto a vivir la magia, la leyenda y la fantasía que nos regala la Navidad. Densas nubes surgen humeantes desde las chimeneas para incensar pinos y abetos que se proyectan hacia lo alto buscando alcanzar el diamante más preciado de todos, esa estrella de la ilusión que brilla en el firmamento a pesar de tantas oscuridades. Flores de Pascua, cual primavera adelantada, se abren paso con sus rojas tonalidades evocando esa sangre que es de vida. Pétalos de color rojo que nos recuerdan que Dios está en el cielo, un Niño recién nacido en la tierra y el espíritu de la Navidad en todas partes. Pero entre nosotros van despareciendo poco a poco los motivos religiosos, y apenas aparece el Misterio, el Pesebre, el Portal. Y me acuerdo de aquel genial villancico de Miguel D´Ors gimiendo:

 Mucha luz, pero sin Niño,

ni Virgen ni San José.
Que todos sepan que hay fiesta.

 Pero, hay algo más, aparecen vendedores de lotería, mercados navideños, espectáculos temáticos o escaparates repletos de mantecados y turrones para endulzar la espera para las celebraciones de unos días nostálgicos y melancólicos, pero sobre todo entrañables. Fiestas tan populares, que nunca deberían acabar. Días de reencuentro con familiares y amigos que, como los cuentos de Navidad, siempre traen historias felices.

Hoy muchos sabemos que antes de la Navidad cristiana existió, tal vez desde el Paleolítico, la fiesta de la luz, del solsticio y fin de año, las Saturnales en el Imperio romano, etc. Y que la Navidad cristiana se insertó durante el siglo IV, el 25 de diciembre, en el Día del Sol, constituido el año 274 por el emperador Aureliano, queriendo cambiar el día del Sol Invictus por el Sol Justitiae (Jesucristo). Que así fue en todo el Imperio desde el año 380, cuando el emperador hispano Teodosio, por el edicto de Tesalónica, declaró oficial en el Imperio la religión cristiana.

Se trata, pues, de que las luces adorno de nuestros pueblos y ciudades no simbolizan ya la Navidad cristiana, sino las luces del solsticio, las luces de fin del año, de las Saturnales, tal vez del Día del Sol.

 Y es por todo eso por lo que hoy suenan ya los pueblos a guitarras, zambombas y panderetas, a coros de campanilleros y villancicos tradicionales. Resuena en la calle el “Adestes fideles” en los angelicales cantos de los más pequeños, que agitando globos cual bando anunciador, campanean en una explosión de júbilo poniendo a todas las familias de acuerdo. Padres, hijos, abuelos, nietos, todos unidos por la navideña ilusión y exaltación de ese estado de ánimo de todos, sobre todo de los niños cuando estos días correteen entre belenes y salten recorriendo por sus calles. Vale.

 

Pastores y pastoras,
abierto está el edén.
¿No oís voces sonoras?
Jesús nació en Belén.

La luz del cielo baja,
el Cristo nació ya,
y en un nido de paja
cual pajarillo está. (Amado Nervo)

Un grupo de personas junto a un cuerpo de agua junto a un árbol

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Texto y fotografía de La Medusa Paca. Copyright ©.


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